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LA HUERTICA 

"El que siembra, recoge"

"Hay que trabajar con la leyes de la Naturaleza no contra ellas.." Bil Mollison


Sembrando Futuro Blog

La Cereza Ecológica De Gargantilla, Cáceres.

Publicado el 8 Ee mayo Ee 2021 a las 8:05 Comments comentarios (0)

Juan Jesús Pérez, agricultor, escritor, sindicalista y mejor persona. Así os presento a este fenómeno de agricultor que lleva toda su vida dedicándose al cultivo de cereza en el pueblo en el que nació, donde también lo hicieron sus padres y abuelos. Toda esa vida, la ha ocupado mejorando sus cultivos y apostando por productos de calidad extra que se adapten bien a su entorno. Cultiva Cerezas Early Red, Early Lory, Burlat y picota desde su campo familiar, apostando por la agricultura tradicional mejorada con las nuevas técnicas de cultivo ecológico.  Amigo de Sergio, que le ha acosado hasta morir para que vosotros disfrutéis de este delicioso manjar. La mayor parte de su producción se destina a Europa y ha convencido a Silvia, su chica, para que nos lo lleve a Madrid cada semana. Gracias Sergio, ¡eres la caña!

Mantuve una conversación con él por teléfono para que me diera alguna información que os pudiera trasladar yo y … ¡me quedé alucinada! con la forma de hablar de su tierra, de sus productos y de su conexión total con la naturaleza, me describió tan bien su entorno que dejando correr mi imaginación, me teletransportó. Me decía:

Gargantilla es un pueblo de montaña poblada de bosques de castaños, abedules, encinas. Regado por tres gargantas con agua durante todo el año con el que riegan durante el año. Por su situación posee un paisaje muy peculiar, rodeada de abundante vegetación, y además es un pueblo muy destacado por sus cerezas y ciruelas, clase Claudia que también tendréis el gusto de probar. Está situada entre Hervás y Gargantilla, en la ladera de la sierra y rodeada de bosques y abundante vegetación. Su relieve es muy accidentado por la Sierra de la Cabrera, donde destacan los Cerros de la Cuesta y Zacorrilla. Su entorno es de gran belleza natural, donde combinan desde los bosques típicos de alta montaña con frondosos bosques de castaño, hasta zona de dehesas con abundancia de encinas y que permiten mantener ganadería. Entre estas dos zonas está la dedicada al cultivo de árboles frutales, destacando grandes terrazas y pequeñas huertas adaptadas para la recolección de la fruta.

El patrimonio de Gargantilla destaca por su gran potencial natural, rodeada de sierra, de bosques y gargantas por el norte y de dehesas y zonas más llanas en el sur. Numerosas rutas atraviesan el término de Gargantilla que linda con el Valle del Jerte a través del famoso Puerto de Honduras.

El gran potencial de Gargantilla además de su espectacular entorno naturales es su economía, ya que la mayoría de la población es agrícola y se dedican casi exclusivamente a la recogida de las cerezas y ciruelas. De ésta última pretenden crear una denominación de origen de la “Ciruela Claudia” que también tendrá LA HUERTICA a finales de junio. El cultivo de las cerezas se desempeña de una manera «natural, tradicional y sin aditivos», lo que consigue que «las cerezas tengan un sabor único y un altísimo contenido en vitaminas, oligoelementos, flavonoides» y tras una cuidadosa selección, de acuerdo a un riguroso control de calidad, a pie de árbol (sin pasar por ninguna mano más). Disfrutarlas.

 

 “La tierra hay que trabajarla como nos enseñaron los abuelos, la forma tradicional no la daña porque se adapta, lleva adaptándose miles y miles de años, la enriquece” y entonces me cautivó el corazón. Gracias Juan.

Naranja Sangre de Toro.

Publicado el 6 Ee febrero Ee 2021 a las 6:10 Comments comentarios (0)



Hola a todos. Hoy vamos a comentar algo que a muchos nos ha llamado poderosamente la atención desde pequeñajos, se trata de una variedad muy peculiar de fruta de temporada en pleno invierno, la naranja Sangre de Toro o naranja Sanguina, esa naranja de pulpa sangrante de color rojizo que estábamos deseosos de tomar. Nosotros las tenemos todos los años, las más tradicionales y más rojas de todas las clases rojas, jajaja. Pero a lo mejor los nuevos las conocen pero nunca han probado las genuinas y verdaderas Sangre de Toro que tenemos en LA HUERTICA.


 

Para los que no habéis afinado la memoria, preguntad por casa a vuestras madres, seguro que cuando erais pequeños os las han traído durante un período muy breve de tiempo al año. Seguro que alucinabais con ese enrojecimiento al abrirlas, cómo se apreciaban esos tintes rojizos en cada gajo, y como no, ese jugo tipo grosella que al exprimirlas se producía. Qué buenas, voy a chupetear una. En boca quizás sean más agrias y fuertes que la naranja normal, como si recordaran un poco al pomelo y además son más difíciles de pelar y más pequeñas. Virtudes que no las han beneficiado a la vista comercial y han ido cayendo en olvido.


 

Para refrescarnos un poco sabed que hay varios tipos de sanguinas y para hacer lo más fácil hablaremos de las de Sangre de Toro la más antigua y tradicional mediterránea, granate por dentro casi igual que el vino con el mismo nombre; y la Sanguineli que es más dulce y no es granate por dentro, es naranja con tintes rojos, más comercial según los IN-expertos.


 

En Italia la Sangre de Toro es muy famosa donde la llaman Tarocco siciliana, seguro que algún zumo os habéis tomado por allí en vuestros viajes.


 

Pues bien, dicen que este proceso de enrojamiento se produce si se dan bajas temperaturas por la noche (se sintetizan las antocianinas), y por esto, los frutos al no madurar lo suficiente adquieren una tonalidad rojiza ligada a dicha maduración, ligada directamente al número de horas de frío, con lo que en inviernos cálidos (como este que hemos pasado) su coloración se retrasa seguro hasta el mes de febrero como ha pasado este año.


 

La temporada de esta naranja empieza mediados de enero y termina a mediados de marzo, pero las nuestras no duran tanto porque tenemos pocas y aunque hemos intentado plantar más no es fácil su cultivo, porque esta variedad es especialmente sensible a las heladas, por lo que se ha de tener mucho cuidado en la predicción, además necesita de cuidados especiales de agarre para su conservación, ya que el riesgo de caída del fruto por el viento es alto. Las nuestras son Sangre de Toro, pequeñas pero deliciosas. Las hemos ido injertando generación tras generación porque por semilla es imposible. Nuestros naranjos proceden de injertos de hace más de 200 años. Adaptadas a nuestro suelo y afincadas en nuestra memoria.

 

Gracias al abuelo de mi abuelo, hoy las disfrutamos todos.

 

Romanesco, el arte que es pura ilusión.

Publicado el 30 Ee enero Ee 2021 a las 4:25 Comments comentarios (0)



¡Qué alimento más extraño! pensé cuando vi por primera vez una romanesco. Esta verdura de la familia de las Crucíferas (Brassica), como la coliflor y el brócoli, parece que puede tratarse de un híbrido entre ambos. Sea como fuere, hay que dejar algo claro: un híbrido no es un monstruo de la naturaleza. No tiene nada que ver con lo transgénico ni es algo antinatural. Al igual que los mulos, que provienen del cruce de una yegua y un asno, los híbridos entre dos especies muy similares de la misma familia son abundantes en el reino vegetal. No obstante, hecha esta aclaración, lo que nos ha traído hasta aquí no es su origen, sino su geometría.

 

El producto es extraño, representa lo que en matemáticas es un fractal, objeto formado por una estructura simple que se repite infinitamente a distintas escalas, dando como resultado una estructura semejante a la original. Pero es que además la apariencia irregular de las espirales de esta col es una pura ilusión.  Los fractales en la naturaleza no son tan raros.  Muchas plantas los reproducen, y a fin de cuentas, nada hay tan parecido a la estructura del átomo como la estructura del espacio y las galaxias.

 

Una vez que tenemos una ligera idea de lo que es un fractal, ya no podremos ver la romanesco como una sencilla coliflor verde. Cada col repite siempre el mismo patrón, que no es casual. Cada pico de cada col lo sigue reproduciendo. Se trata de la espiral de Fibonacci, muy semejante a la espiral áurea y la geometría sagrada. La sucesión comienza con los números 0 y 1, y a partir de estos, cada término es la suma de los dos anteriores. De tal forma que la sucesión que puso de moda la renombrada novela de Dan Brown, El código Da Vinci, resulta ser la siguiente: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144… Hasta el infinito.

 

La romanescu o romanesco, es de muy fácil cultivo. Se pueden sembrar los plantones sobre noviembre y diciembre porque tolera muy bien el frío intenso. Puede que sea lo único que sobreviva después de la nieve. Los cuidados que precisa son similares a las coliflores y brócolis y sus características también son parecidas. Quizá destacar el alto contenido en vitamina C y el bajo aporte calórico.También es menos flatulenta que las coliflores. Su sabor es más suave que el brócoli.

 

Los conos en espiral unido a su color verde intenso la hacen muy apetecible a la vista ,aunque si las dejas que se hagan grandes se vuelven violetas y muy fibrosas, llegando a producir unas flores color rosa intenso que las inutiliza para el consumo. Son más resistentes a los insectos, babosas y caracoles por lo que no precisan de ningún plaguicida.

 

Como todas las de la familia, una vez que aparece la romanescu en la planta, tarda unos 15-20 días en crecer, y como siempre, yo las prefiero pequeñas porque son mas tiernas. Cuando se dejan más tiempo los conos se van separando porque crecen los tallos que los sustentan, dando un aspecto desaliñado al conjunto. 

 

Se puede consumir cruda en ensalada, aunque para mi gusto queda demasiado rústica. Permite la congelación en crudo y se consume cocida con un poco de mayonesa o bechamel y rehogada con ajo y tropezones de jamón. 

 

Me gustan sus propiedades. Cuando las hierves, si no te pasas en la cocción, quedan con mejor consistencia que las coliflores. ¡Buen provecho!

SISTEMAS ALIMENTARIOS SOSTENIBLES

Publicado el 28 Ee noviembre Ee 2020 a las 3:45 Comments comentarios (5)


Los sistemas alimentarios y sus factores impulsores, agentes y elementos no existen en forma aislada, sino que interactúan entre sí y con otros sistemas (como los de salud, energía y transporte). Estos sistemas están vinculados entre sí e integrados en ciclos adaptables continuos de crecimiento, reestructuración y renovación (HLPE 2014). Según su definición, un “sistema alimentario sostenible es un sistema alimentario que garantiza la seguridad alimentaria y la nutrición para todas las personas de tal forma que no se pongan en riesgo las bases económicas, sociales y ambientales que permiten proporcionar seguridad alimentaria y nutrición a las generaciones futuras” (HLPE 2014, 34). Creo que colocar la seguridad alimentaria y la nutrición en una posición de prioridad central para evaluar la sostenibilidad de los sistemas alimentarios contribuirá a romper el círculo vicioso que crean la malnutrición y las enfermedades para todas las generaciones, y ayudará a los responsables de las políticas a convertir los datos en acción.


Nuestros sistemas alimentarios llevan décadas al borde del precipicio: niños que dependen del comedor escolar para no pasar hambre; países en los que una prohibición de exportación provocaría escasez de alimentos; granjas que no tendrían mano de obra si se prohibieran los desplazamientos; y familias en las regiones más pobres del mundo que no pueden perder ni un solo día de trabajo por correr el riesgo de la inseguridad alimentaria, coste insostenible de la vida y la migración forzada.


El sistema alimentario global nos está llevando hasta al borde del precipicio. Muchos sabemos que está en manos de los poderes corporativos y que están impulsando la destrucción de los ecosistemas naturales y contribuyendo a la crisis climática. Es, también, un sistema muy injusto: no garantiza precios justos y empleos seguros en el sector agrícola, lo que lleva a millones a la bancarrota y al abandono del campo. Tampoco fomenta la dieta que las personas necesitan ahora y en el futuro: menos alimentos de origen animal y más alimentos de origen vegetal, de producción ecológica y asequibles.


También sabemos que la forma en que producimos la mayor parte de nuestros alimentos está haciendo que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad empeoren notablemente, y que la agricultura es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, del 70% de la pérdida de agua dulce y del 80% de las pérdidas de hábitats. Ahora tenemos un círculo vicioso entre la producción de alimentos y la degradación de la naturaleza.


A diferencia del COVID19, las amenazas que supone el cambio climático no son nuevas, ya hemos advertido una y otra vez que nuestros sistemas de producción de alimentos no son sostenibles. El cambio climático ya está reduciendo nuestra producción de alimentos en las regiones más áridas, y llegar más allá de los 1.5 grados centígrados por encima de los promedios preindustriales tendría impactos cada vez más severos en los sistemas alimentarios.


Si esperamos hasta que los impactos en el clima se hagan más severos y generalizados, probablemente será demasiado tarde para evitar que entremos en otra crisis global. Llegados a este punto no basta con producir más alimentos en forma que se minimicen los daños al planeta: debemos empezar a producir alimentos de forma que activamente restauren su salud. Pues un planeta sin salud es un planeta sin vida.


A pesar de la evidencia del fracaso de nuestro sistema alimentario, nuestros gobiernos y la UE todavía están invirtiendo más dinero en su desarrollo. Es urgente transformar el sistema alimentario, construir uno nuevo que ponga a las personas y el planeta en el centro.


Desde mi punto de vista como agricultura ecológica creo que deberían cambiar muchos movimientos en las fichas de este tablero. La agroecología debe su resiliencia a la combinación de diferentes plantas y animales, utilizando sinergias naturales en vez de productos químicos sintéticos para regenerar los suelos, fertilizar los cultivos y combatir las plagas. Por eso es menos dependiente de los insumos importados, como fertilizantes y pesticidas, lo que reduce su fragilidad ante las perturbaciones comerciales y las fluctuaciones de precios. En lugar de despejar paisajes para sistemas agrícolas uniformes, la agroecología se basa en el “intercambio de tierras”. El enfoque territorial que defienden muchos agro ecólogos permite que los productores de alimentos y los conservacionistas se unan para encontrar soluciones que hacen posible la producción de alimentos saludables al tiempo que protegen importantes hábitats de vida silvestre. Las vulnerabilidades de nuestros sistemas alimentarios en múltiples niveles no deben olvidarse una vez que la crisis amaine. La tasa de nuevas epidemias y pandemias zoonóticas se está acelerando. Por lo tanto, los siguientes pasos son cruciales para construir resiliencia en todos los niveles:


1. Financiar a los agricultores, no las hectáreas

El dinero público de la UE está alimentando la desigualdad al enriquecer aún más a las grandes explotaciones industriales, mientras que la agricultura de pequeña escala va desapareciendo. Cuantas más tierras, más dinero reciben, independientemente de lo que produzcan o de cómo se cultive y cuide la tierra. Como resultado, poseer tierras de cultivo se ha convertido en un gran negocio, lo que ha atraído la corrupción, los oligarcas e incluso la mafia, mientras millones de pequeñas empresas han desaparecido tragadas por las explotaciones industriales.

La política agrícola de la UE debe ser radicalmente reformada para que el dinero público apoye a las personas agricultoras y a las comunidades locales. De lo contrario, también provocará que la actual crisis sanitaria empeore la situación de muchos agricultores vulnerables.


2. Alimentar a las personas, no a los animales

En la UE, el 71% de la superficie agrícola total se utiliza para alimentar animales. Si se usaran más tierras agrícolas para producir alimentos directamente para las personas necesitaríamos mucha menos superficie agrícola para la producción de alimentos saludables a nivel mundial. La producción de alimentos para animales también impulsa la deforestación y la destrucción de los ecosistemas que, junto con la expansión de la agricultura, la ganadería industrial y la explotación de especies silvestres, han creado una “tormenta perfecta” para la transmisión de enfermedades como la COVID-19 desde la fauna y flora silvestres a las personas.

Necesitamos abandonar el modelo de ganadería industrial. Menos y mejor carne proveniente de la ganadería extensiva y ecológica y más alimentos de origen vegetal, ecológicos, locales y de temporada es la garantía de más empleos de calidad en el sector agrícola y de un mundo rural vivo.


3. Más alimentos de origen vegetal, mejor salud

En tiempos de inestabilidad social y económica, es aún más importante que los alimentos de origen vegetal saludables estén ampliamente disponibles y sean asequibles. Pero el actual sistema de subsidios públicos ha incentivado la producción de alimentos perjudiciales tanto para nuestra salud como para el medio ambiente, siendo a menudo “más fácil” adoptar una dieta insana a consumir alimentos saludables y producidos de manera sostenible.

A nivel individual podemos elegir una dieta más saludable, pero nuestra elección está fuertemente condicionada por nuestro entorno social, cultural y comercial. La UE y los gobiernos nacionales deben establecer objetivos para reducir el consumo excesivo de carne y lácteos.


4. Financiar la producción de alimentos, no los combustibles y el comercio globalizado

La crisis del COVID-19 nos muestra que debemos avanzar hacia sistemas agrícolas locales y diversificados centrados en la producción ecológica. Europa ya se encuentra entre los principales exportadores mundiales de carne (España es ya el cuarto productor mundial de carne de cerdo) y lácteos, lo que tiene consecuencias terribles en las economías locales de los países importadores.

En lugar de utilizar el dinero público para la producción de cultivos para combustibles, debemos invertirlo en la creación de un nuevo sistema alimentario que produzca menos y mejores alimentos para las personas.


Desde LA HUERTICA pensamos que es hora de tomar decisiones audaces y comenzar a construir el sistema agroalimentario del futuro. El dinero público debe servir para financiar un sistema alimentario más resiliente y sostenible, que proporcione alimentos más saludables y un ambiente y clima más seguros, así como ingresos justos y empleos de calidad en el sector agroalimentario.

Se deben tomar medidas de inmediato para mantener el acceso a los alimentos y la seguridad en medio de esta crisis de salud pública. Los gobiernos deben establecer o fortalecer con urgencia mecanismos de protección social y programas de asistencia alimentaria de emergencia que protejan a los más vulnerables, incluyendo a los bebés y a los niños, a las personas mayores, a las personas con discapacidad y a los que viven en la pobreza, muchos de los cuales ya dependen de la ayuda alimentaria.

 


La naranja de LA HUERTICA

Publicado el 24 Ee octubre Ee 2020 a las 5:20 Comments comentarios (0)


El naranjo sabe a vida, Y el olivo a tiempo sabe, Y entre el clamor de los dos, mi corazón se debate. (Miguel Hernández)


LA HUERTICA estrena temporada naranjera con la variedad New Hall de clase Navel; después vendrá la Navelina, más pequeña; tras ella la Navel, después Navel Late; Lane; Lane Late; Sanguina Moro (oscura); la Sanguinelli; Salustiana y por último Valencia Late. Todas de cultivo ecológico, con polinizadores naturales que hacen miel para nosotros, con riego “a manta”, por acequia, y mimadas por clima excepcional.


Como tal, las naranjas son producto de la mutación genética natural, mediante cuidadosa polinización cruzada, entre dos frutas que sí existían antiguamente, el pomelo y la mandarina. Es un híbrido. El cruce se logró en las culturas asiáticas (Indochina) hace algunos milenios, y su nombre deriva del sánscrito "narang" (el árbol que da naranjas) que a su vez tiene raíces del tamil y el persa.


Según cuenta Marguelonne Toussant en su exhaustivo libro Historia natural y moral de los alimentos (Alianza Editorial, 1991), la primera referencia escrita de los cítricos la encontramos en el manuscrito Yu Kung, en el que se narra que 'envueltos en un pañuelo de seda bordado en el fondo de una cesta aparecen pomelos y naranjas' como tributos entregados al emperador Tayun, que reinó en China entre el 2205 y el 2197 a.C.


Nos consta por Plinio que la naranja ya era consumida por los patricios romanos, las cuales llegaban a sus mesas desde la lejana Palestina, desde donde la trajeron los Cruzados en la Edad Media a Europa. Por excavaciones arqueológicas se sabe que en época romana se cultivaron en Carthago, en el Norte de África, y que, probablemente, desde allí pasaron al Sur de Italia y Sicilia y, posteriormente, a la Península Ibérica.


Sin embargo, no es hasta la época de los grandes descubrimientos marítimos en los siglos XVI y XVII cuando las naranjas adquieren su merecida fama como fuente inigualable de vitamina C o antiescorbútica lo, que provoca la expansión de su cultivo.


Las naranjas fueron uno de los alimentos llevados por los colonizadores españoles a América, primero al Caribe, de allí a Florida y, posteriormente, de la mano de los misioneros, al Lejano Oeste, el Far West, a California.


Y en 1820, ocurrió algo inesperado. En un huerto de un monasterio en Brasil, una extraña mutación genética se produjo en algunos naranjos, haciendo que los frutos presentaran una curiosa abertura en su corteza, de donde aparecía una pequeña e inmadura segunda naranja... como dos siameses donde uno hubiera quedado inmaduro parasitando a su hermano. Era una naranja totalmente distinta, extraña y perturbadora a la vista... no obstante, algún valiente monje se atrevió a probarla y cuál sería su sorpresa ante el dulzor de aquel fruto. Muy pronto decidieron multiplicar esta impensada nueva variedad, la que se propagó por todo el mundo, conocida hoy como "Naranja de Ombligo" o Navel.


Aunque la presencia de los cítricos en la Huerta de Murcia se remonta a la época morisca, es en el pasado siglo cuando su cultivo alcanza la mayor expansión, llegando a ser un producto de importancia muy notable en la agricultura regional. Nuestro clima templado, de inviernos suaves y con muchas horas de sol, junto al buen hacer de nuestros agricultores posibilitó que nuestras naranjas y limones adquiriesen fama mundial, llegando a ser comercializados en toda Europa, incluida la entonces lejana Rusia.


Por un lado, y para no confundirlas con el resto, tenemos las naranjas amargas (Citrus aurantium), esas que dan a Sevilla su olor a azahar y que los ingleses se llevan para hacer mermelada. El resto de naranjas, las dulces (Citrus sinensis) se clasifican en tres grandes grupos: Navel, Blancas y Sanguinas.


Todas las de clase Navel son las naranjas de mesa de toda la vida. Es muy característica la especie de “ombligo” que tienen en un extremo del fruto. Son las ideales para comer frescas: de sabor intenso, jugosas, sin semillas y fáciles de pelar. Se puede hacer perfectamente zumo con ellas.


Las Blancas, no sé por qué se llaman así, pero el caso es que son las típicas naranjas de zumo. De forma más achatada, sin ombligo, con semillas y la piel más pegada a los gajos: caracteres que las hacen más adecuadas para hacer zumo que para consumir en fresco.


Las Sanguinas, aunque menos conocidas en los mercados, se cultivaban en el Mediterráneo desde el siglo XVIII. Su particular aspecto, como si se hubieran teñido de sangre (de ahí su nombre). Se trata simplemente una naranja corriente con un gen que ha mutado. Este gen es responsable de producir las antocianinas, que dan esos particulares tonos rojizos a la cáscara y a la pulpa. Esta sustancia, de gran poder antioxidante, sólo se forma cuando las temperaturas nocturnas son bajas Hay distintos tipos sanguinas, que se distinguen principalmente por la tonalidad de color y la acidez de la carne y el zumo: la Tarocco siciliana (muy apreciada en Italia, tiene IGP), la Sanguinelli española y la Moro (más oscura) que son las dos clases que LA HUERTICA recoge entre febrero y marzo.


Un año más podemos decir eso de: LA HUERTICA inaugura esta temporada de naranjas. Me siento la tía más feliz y orgullosa de este mundo. Qué las disfrutéis.

 

Alimentos de temporada en otoño: qué frutas y verduras están en su mejor momento

Publicado el 19 Ee septiembre Ee 2020 a las 7:50 Comments comentarios (0)

Recordemos que cuando consumimos alimentos acordes a la época del año en que estamos, no solo nos beneficiamos de los mejores olores, colores y sabores, sino que además cuidamos y protegemos el ecosistema. Cuando encontramos frutas y verduras que no son propias de esa época del año, debemos ser conscientes de que para ello ha existido una producción forzada.

Además, comprar productos de temporada, ecológicos y de aquí fomenta el desarrollo de los productores y elaboradores que se preocupan por el medio ambiente y al mismo tiempo los consumidores podemos llenar nuestras despensas y neveras de alimentos saludables respetuosos con los ciclos de la naturaleza.

Por otra parte, consumir alimentos de temporada y de aquí permite que aprovechemos al máximo sus nutrientes. Éstos se cosechan en su mejor momento porque no viajan miles de kilómetros desde otras zonas del mundo y no han estado en cámaras frigoríficas ni bajo tratamientos químicos. Lo que buscamos es que nuestra comida sea lo más natural posible.

La naturaleza es muy sabia  y con exactitud nos proporciona a lo largo de los doce meses del año una gran variedad de nutrientes según las frutas y verduras de cada temporada, que cultivadas de forma ecológica sin usar pesticidas de síntesis, nos permitirán estar sanos.

Compartiremos con vosotros en este artículo cuáles son las frutas y las verduras que se cosechan durante el otoño, sus características nutricionales más destacables y los beneficios que aportan a nuestro organismo y salud general. Pues, vamos al lio.

Aguacate: su principal característica es su alta cantidad de ácidos grasos monoinsaturados y su poder saciante. Nos aporta grasas de buena calidad que contribuyen al bienestar de nuestro sistema cardiovascular. Los nuestros están apuntito.

Caqui o caki: fruta tropical de otoño de sabor dulce y pulpa carnosa y jugosa. Posee un alto contenido en fibra cuando se encuentra en su punto de maduración. En cuanto a cualidades nutricionales es prácticamente igual que el persimon.

Ciruela: contiene sorbitol que es un compuesto (polialcohol) con propiedades laxantes, que junto con su contenido de fibra hacen de la ciruela una fruta muy conveniente para evitar el estreñimiento e ir regularmente al baño. Es un alimento que contribuye a cuidar del sistema cardiovascular y protege frente a la osteoporosis.

Granada: su principal característica a destacar es su poder antioxidante para combatir el envejecimiento prematuro nuestras células y contribuir a prevenir enfermedades. Tiene efecto astringente siendo muy útil en los casos de diarrea y su acción antidiabética también es uno de los rasgos de esta fruta. 

Limón: gran poder bactericida que nos protege frente a las infecciones. Mejora nuestras defensas naturales y su acción expectorante es muy útil en caso de congestión de las vías respiratorias.

Mandarina: buenos niveles de vitaminas A, C, B1 y B2 que coadyuvan en el correcto funcionamiento de las células, posee poder antioxidante y participa en la síntesis del colágeno para mejorar nuestra piel y mantenerla joven.

Mango: rico en vitaminas C, E, y A, en forma de betacaroteno. Contiene acido málico, importante para obtener energía de los alimentos, y antioxidantes que contribuyen a prevenir enfermedades (quercetina, isoquercitrina, astragalina, etc).

Naranja: conocida por su aporte en vitamina C, pero también aporta en fibra y vitaminas del grupo B (B1 o tiamina y B9 o ácido fólico), esenciales para nuestro sistema nervioso. Mejoran los casos de retención de líquidos y el estreñimiento.

Pera: ayuda con el estreñimiento y a evitar la retención de líquidos gracias a su efecto diurético. Contiene yodo (necesario para producir la hormona tiroidea), con lo cual  es una fruta muy buena para personas que padecen bocio, enfermedad cuya causa más común es una deficiencia de yodo. Además contiene potasio, que ayuda a regular la presión arterial.

Pomelo: alta concentración de vitamina C y vitamina A o betacaroteno con su correspondiente función antioxidante. También contiene folatos (vitamina B9) que intervienen en la producción de los glóbulos rojos y blancos.

Tomate: contiene  vitamina C, A, K, que funcionan como antioxidantes, protegiendo la vista, mejorando la regulación y coagulación sanguínea respectivamente.

Uva: fruta totalmente otoñal. En el caso de la uva negra, en su cáscara encontramos polifenoles,  que son unas sustancias químicas que  tienen una alta concentración en antioxidantes como el reveratrol y la quercetina. Además, estudios han demostrado que ambos antioxidantes juntos inhiben la producción de células adiposas.

Acelga: importante por su contenido alto en vitamina A, y vitamina  B9 (folatos o ácido fólico) favorable para el sistema inmunitario y muy importante durante el embarazo y lactancia.

Apio: considerado por muchos como un alimento-medicamento, es una excelente fuente de fibra, tiene acción antiinflamatoria y depurativa y esta hortaliza además de ser rica en minerales contiene vitaminas del grupo B y aceites esenciales como el limoneno y selineno.

Berenjena: posee vitaminas C y del grupo B, minerales como el hierro y calcio, y serotonina que ayuda a mejorar el estado de ánimo. No está mal, ¿verdad?

Boniato: excelente fuente de hidratos de carbono complejos, contiene un elevado aporte en manganeso que interviene,  entre otras cosas, en la síntesis de los ácidos grasos y las hormonas sexuales. Es un alimento especialmente interesante para las mujeres embarazadas.

Brócoli: buen aporte de fibras y proteínas vegetales y además posee muy buenos valores de vitaminas C, A, y B9 (folatos).¿Sabías que el brócoli contiene sulforafano? Esta molécula ayuda a evitar que las células precancerosas se malignicen. Pero esta hortaliza es una verdadera joya. No es de extrañar que algunos la consideren un súper alimento. 

Calabacín: su principal característica es su alto aporte en agua, en fibra y minerales. Pero además, esta humilde hortaliza es uno de los mejores aliados de las personas con estómagos e intestinos delicados porque ejerce un efecto protector sobre la mucosa que recubre el tubo digestivo. 

Cebolla: contiene oligoelementos como el cromo, bromo y silicio. Otro componente destacable es el flavonoide quercetina que es un potente antioxidante con propiedades antiinflamatorias y antialérgicas, que ayuda en la prevención del cáncer de mama y próstata. Tienen además compuestos azufrados con efectos bactericidas. 

Coliflor: Contiene  glucosinolato, un compuesto natural de las plantas que ayuda en la prevención del cáncer, y colina que interviene en un buen funcionamiento del hígado y de los músculos. La colina es fundamental para mujeres embarazadas y en períodos de lactancia porque se relaciona con el correcto desarrollo del feto

Espinaca: alto valor en vitamina A y B9 (folatos). Y se caracteriza por poseer proteínas vegetales, por su acción antioxidante y antiinflamatoria. Otro dato que no es muy conocido es que las espinacas ayudan a mejorar la circulación sanguínea a regular la hipertensión y a proteger los vasos sanguíneos.

Pepino: nos aportan flavonoides y taninos que tienen un efecto muy positivo sobre nuestra salud, mejorando los niveles de azúcar en sangre, reduciendo la grasa en sangre y protegiendo nuestro sistema cardiovascular. 

Pimiento: ¿sabías que contienen más vitamina C que las naranjas? Además de tener capacidad antioxidante, los pepinos contribuyen a estimular la capacidad cognitiva (aprendizaje, memoria, lenguaje, etc), tienen acción antitrombótica y antiasmática.

Puerro: destaca su contenido en minerales, muy importantes para llevar a cabo todas las funciones de nuestro organismo y además posee compuestos azufrados como la cebolla y el ajo que apoyan las funciones del sistema inmunológico (algo muy importante durante los meses fríos del año).

Dieta Mediterránea, muy nuestra.

Publicado el 12 Ee septiembre Ee 2020 a las 6:10 Comments comentarios (0)

Un sinfín de culturas confluyen en el mar Mediterráneo desde el inicio de los tiempos, lo que ha favorecido el intercambio cultural y el comercio, entre otros aspectos, durante miles de años. La alimentación no se ha mantenido al margen de esta influencia. Con unos rasgos en común, cada zona del Mediterráneo tiene su propia forma de alimentarse, que se conforma en una dieta mediterránea forjada entre todos, una valiosa herencia que se configura como el puntal de una vida sana.

El acto de comer juntos es uno de los fundamentos de la identidad y continuidad culturales de las comunidades de la cuenca del Mediterráneo. Es un momento de intercambio social y comunicación, y también de afirmación y renovación de los lazos que configuran la identidad de la familia, el grupo o la comunidad. Este elemento del patrimonio cultural inmaterial pone de relieve los valores de hospitalidad, buena vecindad, diálogo intercultural y creatividad, así como un modo de vida que se guía por el respeto de la diversidad. Suena bien bonito ¿verdad?

Productos claves en la Dieta Mediterránea:

Trigo

El cereal (que significa crecer) es el pilar básico de la alimentación mediterránea. Y si hay que elegir uno, el trigo es, sin duda, el rey. Hoy en día puede tener cierta mala prensa por el gluten, pero si no hay intolerancia a esta sustancia es un alimento muy saludable. Es una gran fuente de hidratos de carbono, un nutriente básico que te aporta energía y del que no debes prescindir.

Aceite de oliva

Si hay algún alimento emblemático de la Dieta Mediterránea, ese es el aceite de oliva. Y es que el cultivo del olivo es uno de los más antiguos de esta zona, remontándose 4.000 años antes de Cristo. Su lista de virtudes es larga. Utilízalo tanto para cocinar como para aderezar, pero ten en cuenta que es calórico.

Ajo y cebolla

Aunque proceden de Oriente, griegos y romanos descubrieron sus propiedades medicinales y los introdujeron en nuestra cultura, por eso ajos y cebollas son dos "clásicos" en los platos más típicos de la Dieta Mediterránea. La variedad de cebolla morada es la que contiene más quercetina, una sustancia con acción antiinflamatoria y analgésica.

El ajo, además de realzar el sabor de cualquier guiso, es uno de los mejores antibióticos naturales que existen.

Pimiento

Traído desde América por Cristóbal Colón, ha acabado convirtiéndose en un imprescindible de nuestro patrón dietético. De ahí que sea ingrediente obligado en sofritos para preparar platos como la paella, o el protagonista de recetas como la escalivada (pimiento, berenjena y cebolla la horno).

Lechuga

Es la auténtica protagonista de todas las ensaladas mediterráneas. Se sospecha que su origen se remonta a la época de los romanos, que acostumbraban a servir lechuga en todas las comidas, aunque podría ser anterior. Debería consumirse a diario ya que tiene una larga lista de nutrientes: vitamina A, del grupo B, potasio, calcio, fósforo, magnesio... Y todo por solo 18 kcal por 100 g de alimento. Es muy rica en fibra, por lo que puede provocar flatulencias. Mastícala bien

Zanahoria

Las zanahorias silvestres han crecido de forma natural en la región mediterránea desde siempre, por eso es otro de los vegetales estrella de la Dieta Mediterránea. Es la hortaliza más rica en betacaroteno o provitamina A, esencial para la salud de la vista, la piel y las mucosas.

Tomate

Procedente también de América, el tomate forma parte de recetas centenarias de nuestra cultura. Es la base de cualquier sofrito e ingrediente imprescindible en ensaladas. Gran fuente de licopeno, un potente antioxidante que combate el daño que provocan en las células los radicales libres, protegiéndote así de enfermedades, entre ellas el cáncer..

Legumbres

El consumo de lentejas o guisantes en la región mediterránea se remonta a la Antigüedad. Estas legumbres eran muy apreciadas tanto por los griegos como por los romanos. Otras como las judías proceden de América, pero también están muy integradas en nuestra dieta.

Las legumbres son una gran fuente de proteína vegetal que, si se combina con cereal, aportan todos los aminoácidos esenciales que el organismo necesita, es decir, tantos como la carne pero sin grasa saturada ni colesterol.

La familia de las coles

Coles, brócoli, coliflor o nabos son las verduras protagonistas de la Dieta Mediterránea en invierno. Ideales para prepararlas al vapor, hervidas o elaborar reconfortantes caldos. Además, son grandes desintoxicantes naturales que ayudan a limpiar tu organismo.

Naranja

Originaria de extremo Oriente, los árabes la introdujeron en la Península en el siglo X y ha acabado convirtiéndose en una de las frutas más populares de la región mediterránea.

Tomarla en zumo es una sabrosa forma de obtener la vitamina C que tu organismo necesita. Un nutriente esencial para protegerte de infecciones. Además, es aconsejable en personas que sufren anemia porque favorece la absorción del hierro.

Almendras y avellanas

Aunque es originaria de China, la avellana se cultiva en la zona Mediterráneo desde hace siglos. Además, España es un gran productor. Son riquísimas en ácido oleico y vitamina E (potente antioxidante).

En cuanto a la almendra, aunque su cultivo se remonta 5.000 años atrás a la antigua Persia, los fenicios la introdujeron en la Península y en la España musulmana fue un ingrediente de lujo en la cocina.

Yogur

Aunque el más popular es el yogur griego, la procedencia de este lácteo que se obtiene de la fermentación bacteriana de la leche se sitúa en Turquía. El yogur se digiere más fácilmente que la leche, contiene menos grasas y, lo mejor de todo, aporta bacterias buenas que equilibran la flora intestinal. 


El cultivo del guisante

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.

 

El cultivo del guisante

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.

 

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Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas sean considerados como una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.

Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energía. Proporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.