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El cultivo del guisante

Publicado el 20 Ee febrero Ee 2021 a las 5:35 Comments comentarios (451)


Los guisantes verdes, arvejas o chicharros son frutos de la planta del guisante, pertenece a la familia de las Papilionáceas, se llama  Pisum sativum.

 

Aunque en muchas zonas se ha considerado una hortaliza, en realidad se trata de una legumbre cuyo origen está relacionado con Oriente Medio y Asia Central, zonas donde se cultiva desde hace miles de años, formando parte actualmente de algunas de las recetas tradicionales de los países orientales. Aunque estas primeras plantaciones se remontan al octavo milenio a.C., sería avanzado el II a.C. cuando se extendería por Europa aunque no sería hasta la Edad Media cuando comenzó a producirse para consumo humano, siendo utilizado hasta ese momento sólo como pienso de animales.


Existen numerosas anécdotas que sitúan al guisante entre los fogones más reputados de naciones europeas. En concreto parece que llegaría a París desde Génova durante el reinado de Luis XIV en el siglo XVII. En presencia de toda la corte, el Duque de Soissons desengranó varias vainas de guisantes dándolas a probar. El tamaño y color de las bolitas sorprendió gratamente a todos los comensales hasta tal punto que el Rey Sol mandó elaborar de inmediato una receta para sus seres más allegados. El nombre que le otorgaron a esta legumbre fue "petit-pois" para diferenciarlo del guisante seco y áspero que consumía en puré el pueblo llano.

 

En la Región de Murcia uno de los primeros vestigios que denotan el consumo de guisantes se encontraron aquí cerca en los yacimientos arqueológicos de Cieza donde al parecer formaban parte de la dieta alimenticia, junto con los garbanzos.

 

La planta, una liana trepadora, puede alcanzar hasta los 2 m de altura, con tallos y hojas terminados en zarcillos ramificados encargados de asirla a cualquier punto para conseguir trepar. Las flores presentan tonos rosados o violetas, generan frutos a modo de vainas verdosas de hasta 10 cm de longitud que contienen en su interior de 4 a 10 pequeñas semillas redondeadas y verdes.

 

Si toman como referencia las características del fruto se dividen en: fruto liso, rugoso, de semilla lisa o redondeada. Numerosas variedades de guisantes se apoyan en factores como el tamaño de la planta, el período de plantación o el color y características de sus frutos. En cuanto al color de las vainas se diferencian: verde claro (utilizados para las conservas) y verde oscuro (consumidos en fresco o congelados).

 

Los guisantes están compuestos en su mayor parte de agua, pero destacan en ellos los hidratos de carbono, diferentes vitaminas de los grupos B y C, así como minerales (principalmente fósforo y magnesio) y fibra que aportan numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Poseen un efecto regulador del azúcar en sangre que interviene en el mantenimiento de los niveles, por lo que resultan aconsejables en las dietas de personas diabéticas, menores o atletas, debido a su aporte extra de energíaProporcionan proteínas vegetales y minerales constructivos favoreciendo el desarrollo de las células, así como su renovación, siendo adecuados para los jóvenes en edades de crecimiento o las personas mayores. Otra ventaja que otorgan los guisantes hace referencia al mantenimiento adecuado de los tejidos corporales, la salud de cabello, uñas, piel o fuerza muscular. Resultan muy importantes en las dietas de aquellas personas que sean sensibles a padecer anemias, previniendo además enfermedades óseas como la osteoporosis. Su contenido en fibra, al igual que en numerosas verduras y hortalizas, le proporciona la cualidad de favorecer el tránsito intestinal aliviando el estreñimiento, evitando así el exceso de sustancias sedimentadas en las paredes del colon y previenen el cáncer de este órgano interno.

 

Pero para que el organismo asimile de forma correcta las proteínas de estas legumbres es aconsejable consumirlas junto a cereales como el arroz que aportan los aminoácidos esenciales de los que carecen los guisantes.

 

Nuestras amigas las abejas.

Publicado el 13 Ee febrero Ee 2021 a las 6:05 Comments comentarios (0)


En la actualidad conocemos alrededor de veinte mil especies de abejas, de las cuales aproximadamente 250 son abejorros, 500 a 600 son abejas sin aguijón y 7 son abejas melíferas. Se cree que estas últimas son las más exitosas de todas las especies de abejas, con mayor distribución en el mundo. Se habrían extendido desde Asia a Europa y África hace entre dos y tres millones de años.


Tras todo este tiempo, la polinización de las abejas silvestres, junto a moscas, mariposas, pájaros y murciélagos, sigue siendo fundamental para la reproducción de cientos de miles de especies de plantas.


Muchas veces invisibles, estos insectos desempeñan un rol central en nuestras cosechas: son clave para asegurar un rendimiento adecuado en aproximadamente el 85 % de los cultivos alimentarios. Al menos 130 cultivos de frutas y hortalizas dependen de las abejas para la polinización. Sin ellas no habría arándanos, alfalfa, espárragos, brócoli, zanahorias, aguacates, cebolla, calabacines, fresas o manzanas, por ejemplo.


La relación entre los seres humanos y las abejas se remonta a hace 9.000 años, casi desde la invención de la agricultura, según un análisis químico realizado en Turquía. Pinturas rupestres en las cuevas de la Araña en Valencia parecen mostrar también a personas recolectando miel.


Los antiguos egipcios fueron los primeros en estudiarlas, como lo demuestran jeroglíficos del 2400 a.C. La miel y la cera fueron utilizadas en todo el Mediterráneo oriental y más allá como medio de conservación, tanto por babilonios como por asirios.


Sin embargo, su presencia en la Tierra es mucho más antigua. Hace unos 100 millones de años, cuando el mundo estaba dominado por los dinosaurios, las abejas evolucionaron a partir de sus antepasados, las avispas cazadoras de insectos. Y lo hicieron en estrecho vínculo con las plantas.


Para atraerlas y garantizar su reproducción y supervivencia, varias especies vegetales desarrollaron flores con pétalos de colores llamativos y aromas distintivos. Más tarde, evolucionaron para producir néctar, una comida rica en azúcar que las abejas consumían a cambio de sus servicios como polinizadores. Perfectamente adaptados uno al otro, prosperaron y sobrevivieron a la extinción masiva de la flora y la fauna de hace 65 millones de años.


Charles Darwin estaba fascinado por las abejas. Consideraba que estos insectos sociales -como las avispas, las hormigas y las termitas- eran enigmas evolutivos. Uno de los rasgos más llamativos de estos insectos -que pueden ver la luz ultravioleta, pero no el extremo rojo del espectro, por lo que perciben el mundo como más azul y púrpura que nosotros- es la amplia gama de diferentes tipos de comportamiento que tienen: algunas especies son solitarias, otras viven juntas en grandes grupos familiares y algunas forman sociedades complejas donde los individuos están casi completamente subordinados a las necesidades del grupo social, incluso renunciando a su propia capacidad para reproducirse en el intereses de la colmena.


 

La manera más fácil de explicar la importancia de las abejas es preguntarte si te gusta comer. Si te gusta beber café o té, comer chocolate, si disfrutas llevando tejidos naturales, incluso los piensos que dan al ganado necesitan ser polinizados. La polinización es el sistema que usa la planta para ser fértil y producir semillas. Nuestro sistema de agricultura depende de las abejas principalmente para ello. Por eso siempre estoy con la misma tela, pero... SALVEMOS A LAS ABEJAS porque nuestras vidas dependen de ello.


Yo creo que el colapso no se puede achacar a una única causa. Ellas están enfrentándose a multitud de problemas. Los pesticidas y herbicidas son uno de los principales factores en este declive, especialmente el uso de plaguicidas sintéticos en las plantas… millones de abejas han sido envenenadas por estos químicos. Podemos trabajar con la naturaleza en lugar de tratar de dominarla y destruirla.


Necesitamos cambiar la forma en la que nos relacionamos con el entorno, y recordar que no somos algo independiente de él… si lo envenenamos nos estamos envenenando a nosotros mismos. Hay muchas cosas que están al alcance de cualquier persona, para ayudar a las abejas y a otros polinizadores y sin necesidad de salir corriendo a convertirse en apicultor.


¡Lo primero que puedes hacer es plantar cosas! Plantas medicinales para que las abejas se alimenten, aumentar las fuentes de polen y néctar para las abejas silvestres; para ello hay listados maravillosos en Internet.


¡No es necesario usar venenos ni químicos en los jardines y huertos! Hay muchos métodos naturales para combatir a las plantas e insectos indeseados, y la mayoría tienen que ver con cambiar nuestra perspectiva sobre las malas hierbas… las malas hierbas son un alimento ideal para las abejas, así que dejarlas vivas en el huerto está bien.


¡Crea hábitats para los polinizadores en tu jardín, es divertido y fácil!


Planta cosas, obtén una fuente de agua, cuídalas de manera ecológica y orgánica, y coloca casas para las abejas… necesitan poco mantenimiento. Deja una zona sin cultivar, salvaje, para que las abejas autóctonas creen sus panales.


Defiéndelas, ámalas y disfrutarás del zumbido de sus alas relajando el espacio. Es alucinante.

 

Naranja Sangre de Toro.

Publicado el 6 Ee febrero Ee 2021 a las 6:10 Comments comentarios (0)



Hola a todos. Hoy vamos a comentar algo que a muchos nos ha llamado poderosamente la atención desde pequeñajos, se trata de una variedad muy peculiar de fruta de temporada en pleno invierno, la naranja Sangre de Toro o naranja Sanguina, esa naranja de pulpa sangrante de color rojizo que estábamos deseosos de tomar. Nosotros las tenemos todos los años, las más tradicionales y más rojas de todas las clases rojas, jajaja. Pero a lo mejor los nuevos las conocen pero nunca han probado las genuinas y verdaderas Sangre de Toro que tenemos en LA HUERTICA.


 

Para los que no habéis afinado la memoria, preguntad por casa a vuestras madres, seguro que cuando erais pequeños os las han traído durante un período muy breve de tiempo al año. Seguro que alucinabais con ese enrojecimiento al abrirlas, cómo se apreciaban esos tintes rojizos en cada gajo, y como no, ese jugo tipo grosella que al exprimirlas se producía. Qué buenas, voy a chupetear una. En boca quizás sean más agrias y fuertes que la naranja normal, como si recordaran un poco al pomelo y además son más difíciles de pelar y más pequeñas. Virtudes que no las han beneficiado a la vista comercial y han ido cayendo en olvido.


 

Para refrescarnos un poco sabed que hay varios tipos de sanguinas y para hacer lo más fácil hablaremos de las de Sangre de Toro la más antigua y tradicional mediterránea, granate por dentro casi igual que el vino con el mismo nombre; y la Sanguineli que es más dulce y no es granate por dentro, es naranja con tintes rojos, más comercial según los IN-expertos.


 

En Italia la Sangre de Toro es muy famosa donde la llaman Tarocco siciliana, seguro que algún zumo os habéis tomado por allí en vuestros viajes.


 

Pues bien, dicen que este proceso de enrojamiento se produce si se dan bajas temperaturas por la noche (se sintetizan las antocianinas), y por esto, los frutos al no madurar lo suficiente adquieren una tonalidad rojiza ligada a dicha maduración, ligada directamente al número de horas de frío, con lo que en inviernos cálidos (como este que hemos pasado) su coloración se retrasa seguro hasta el mes de febrero como ha pasado este año.


 

La temporada de esta naranja empieza mediados de enero y termina a mediados de marzo, pero las nuestras no duran tanto porque tenemos pocas y aunque hemos intentado plantar más no es fácil su cultivo, porque esta variedad es especialmente sensible a las heladas, por lo que se ha de tener mucho cuidado en la predicción, además necesita de cuidados especiales de agarre para su conservación, ya que el riesgo de caída del fruto por el viento es alto. Las nuestras son Sangre de Toro, pequeñas pero deliciosas. Las hemos ido injertando generación tras generación porque por semilla es imposible. Nuestros naranjos proceden de injertos de hace más de 200 años. Adaptadas a nuestro suelo y afincadas en nuestra memoria.

 

Gracias al abuelo de mi abuelo, hoy las disfrutamos todos.

 

Romanesco, el arte que es pura ilusión.

Publicado el 30 Ee enero Ee 2021 a las 4:25 Comments comentarios (0)



¡Qué alimento más extraño! pensé cuando vi por primera vez una romanesco. Esta verdura de la familia de las Crucíferas (Brassica), como la coliflor y el brócoli, parece que puede tratarse de un híbrido entre ambos. Sea como fuere, hay que dejar algo claro: un híbrido no es un monstruo de la naturaleza. No tiene nada que ver con lo transgénico ni es algo antinatural. Al igual que los mulos, que provienen del cruce de una yegua y un asno, los híbridos entre dos especies muy similares de la misma familia son abundantes en el reino vegetal. No obstante, hecha esta aclaración, lo que nos ha traído hasta aquí no es su origen, sino su geometría.

 

El producto es extraño, representa lo que en matemáticas es un fractal, objeto formado por una estructura simple que se repite infinitamente a distintas escalas, dando como resultado una estructura semejante a la original. Pero es que además la apariencia irregular de las espirales de esta col es una pura ilusión.  Los fractales en la naturaleza no son tan raros.  Muchas plantas los reproducen, y a fin de cuentas, nada hay tan parecido a la estructura del átomo como la estructura del espacio y las galaxias.

 

Una vez que tenemos una ligera idea de lo que es un fractal, ya no podremos ver la romanesco como una sencilla coliflor verde. Cada col repite siempre el mismo patrón, que no es casual. Cada pico de cada col lo sigue reproduciendo. Se trata de la espiral de Fibonacci, muy semejante a la espiral áurea y la geometría sagrada. La sucesión comienza con los números 0 y 1, y a partir de estos, cada término es la suma de los dos anteriores. De tal forma que la sucesión que puso de moda la renombrada novela de Dan Brown, El código Da Vinci, resulta ser la siguiente: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144… Hasta el infinito.

 

La romanescu o romanesco, es de muy fácil cultivo. Se pueden sembrar los plantones sobre noviembre y diciembre porque tolera muy bien el frío intenso. Puede que sea lo único que sobreviva después de la nieve. Los cuidados que precisa son similares a las coliflores y brócolis y sus características también son parecidas. Quizá destacar el alto contenido en vitamina C y el bajo aporte calórico.También es menos flatulenta que las coliflores. Su sabor es más suave que el brócoli.

 

Los conos en espiral unido a su color verde intenso la hacen muy apetecible a la vista ,aunque si las dejas que se hagan grandes se vuelven violetas y muy fibrosas, llegando a producir unas flores color rosa intenso que las inutiliza para el consumo. Son más resistentes a los insectos, babosas y caracoles por lo que no precisan de ningún plaguicida.

 

Como todas las de la familia, una vez que aparece la romanescu en la planta, tarda unos 15-20 días en crecer, y como siempre, yo las prefiero pequeñas porque son mas tiernas. Cuando se dejan más tiempo los conos se van separando porque crecen los tallos que los sustentan, dando un aspecto desaliñado al conjunto. 

 

Se puede consumir cruda en ensalada, aunque para mi gusto queda demasiado rústica. Permite la congelación en crudo y se consume cocida con un poco de mayonesa o bechamel y rehogada con ajo y tropezones de jamón. 

 

Me gustan sus propiedades. Cuando las hierves, si no te pasas en la cocción, quedan con mejor consistencia que las coliflores. ¡Buen provecho!

Cambio Climático: aquí y ahora

Publicado el 23 Ee enero Ee 2021 a las 6:15 Comments comentarios (0)



Olas de calor, fenómenos meteorológicos extremos, especies invasoras o intensificación de enfermedades. Así es como se manifiesta el cambio climático.


Hoy quiero contaros un poco las consecuencias del cambio climático que más afecta a nuestro sector: la agricultura y la alimentación.


Algunas de nuestras producciones agrícolas tradicionales ya se están viendo afectadas directamente por el aumento de temperaturas. Tal es el caso, por ejemplo, del vino, y muchas bodegas están teniendo que sustituir algunas variedades por otras e incluso están viéndose obligadas a desplazar sus producciones a zonas más altas. La erosión y la aridez del suelo están reduciendo drásticamente la productividad agrícola.


Los alimentos que ingerimos pueden estar afectados por el dióxido de carbono de la atmósfera. Los niveles crecientes de dióxido de carbono están provocando que los cultivos de trigo y arroz sean menos nutritivos que antes. Muchos alimentos están aumentando su contenido de carbohidratos, disminuyendo la presencia de algunos nutrientes esenciales, como el zinc o el hierro.


Los últimos estudios, además, centran su atención en la posible relación entre estas cuestiones y el crecimiento de afecciones como la obesidad o la diabetes en todo el mundo.


El 70% de los principales cultivos en España depende de la polinización de insectos como las abejas. Pero el aumento de temperaturas, el uso de pesticidas dañinos o la expansión de depredadores como la avispa asiática y el abejaruco, ha traído el descenso de sus poblaciones. La disminución de la población de abejas y las sequías crónicas acarrean, por otra parte, una menor producción agrícola. Muchos alimentos podrían encarecerse o incluso desaparecer.


En la ganadería, los cambios climáticos en las estaciones modificarán la vegetación que es alimento de la ganadería extensiva. Cualquier cambio en la vegetación alterará considerablemente sus patrones de conducta.  


Los animales marinos también están sufriendo los efectos del cambio climático. A medida que aumente la temperatura del mar, algunas especies nativas no podrán sobrevivir y algunas otras invasoras se expandirán.


El cambio climático y la calidad del aire son dos conceptos diferentes, interrelacionados entre sí. La calidad del aire en general, y la de las ciudades en particular, se degrada si la concentración de determinados contaminantes atmosféricos supera los valores límites establecidos. Respirar este aire insano perjudica la salud de los ciudadanos.


En los últimos años está aumentando la preocupación por un contaminante muy singular, el ozono troposférico. Es el causante de 17.000 muertes prematuras en la Unión Europea al año, 1.800 de ellas en España. Dos terceras partes de los cultivos y buena parte de nuestros bosques y espacios naturales soportan niveles de ozono que dañan la vegetación.


Está claro que estos cambios climáticos y ecológicos que se están detectando ahora, cuando el planeta se ha calentado sólo 0,6 grados centígrados, probablemente tendrán un alcance mucho mayor sobre las especies y los ecosistemas en respuesta al aumento de temperatura predicho por el IPCC que puede ser hasta de seis grados centígrados más en 2100.


Echo de menos aquellas luciérnagas que por la noche iluminaban los caminos a mi huerto, las carpas del río, los gorriones picoteando el pienso de mis gallinas, las diferentes clases de charates (saltamontes) en verano, las múltiples mariposas de todos los colores que revoloteaban entre las flores.


El cambio climático está afectando a procesos esenciales de muchos organismos, como el crecimiento, la reproducción y la supervivencia de las primeras fases vitales, pudiendo llegar a comprometer la viabilidad de algunas poblaciones.


Ecosistemas como los humedales están en riesgo de desaparecer totalmente, y especies como el oso pardo o el alcornoque están en peligro de extinguirse en nuestro país.


Por otra parte, nos encontramos con una proliferación de especies invasoras, como medusas o mosquitos tigre, en detrimento de otras autóctonas, como los caracoles marinos.


Las aves, además, están cambiando sus patrones migratorios, y se quedan en latitudes más cálidas.


En nuestros mares se observa una disminución de especies de algas, como las algas rojas en el Cantábrico. Los arrecifes de coral Mediterráneo están gravemente afectados. Además, el aumento de la temperatura del agua provocado por el cambio climático ha disparado las tasas de mortalidad de la posidonia.


En España vamos a sufrir especialmente los impactos del cambio climático, y nuestra biodiversidad sufrirá una presión enorme para adaptarse a este nuevo planeta más caliente: la mitad de las especies de anfibios, reptiles, mamíferos y aves podrían ver reducido su hábitat de distribución actual en aproximadamente más de una tercera parte.

Reducir las emisiones de Co2 es la clave

Publicado el 16 Ee enero Ee 2021 a las 4:35 Comments comentarios (0)


El equipo científico que asesora a la Organización de Naciones Unidas (ONU) en materia de cambio climático ha sido claro al respecto: necesitamos alcanzar la neutralidad de carbono para mediados del siglo XXI. La próxima década es decisiva. El momento es ahora. No puede aplazarse.


Cada vez es más habitual escuchar a empresas afirmar que su objetivo es ser neutras en carbono. Pero, ¿qué significa esto exactamente? 

Entendemos que se consigue ser neutro en emisiones de gases de efecto invernadero cuando se emite a la atmósfera la misma cantidad de gases de efecto invernadero que se retira por distintas vías. Y se sabe que se ha alcanzado neutralidad cuando es cero el resultado de restar a las emisiones brutas producidas, las emisiones absorbidas o compensadas. Cuantas menos emisiones tenga un país, una empresa o un sector, y más reduzca esas emisiones, más cerca está de alcanzar el objetivo.


Algunos sectores están en mejores condiciones que otros en el camino de la descarbonización. El sector financiero tan solo tiene que liberarse de sus activos tóxicos en el sector de los combustibles fósiles y otras actividades económicas nocivas (como la deforestación), mediante una agenda con plazos concretos y medibles. Una parte del sector del transporte dispone ya de tecnologías rentables para reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la electrificación, por ejemplo. Sin embargo, para otros sectores como la aviación y el transporte marítimo, la construcción o el sector agroalimentario, la reducción de las emisiones a cero será técnicamente compleja o imposible, por lo que existirán emisiones residuales que se mantendrán.


Aquí entra en juego el concepto de compensación y el “cero neto”. Las emisiones brutas producto de la actividad económica que no pueden ser eliminadas deberán ser compensadas mediante la compra de créditos de carbono, el apoyo a proyectos de restauración o mejora de los sumideros de carbono (bosques, humedales, costas, etc.), captura y almacenamiento de carbono, inversión e investigación en combustibles sintéticos, hidrógeno verde… Pero sin una firme intención de reducir al máximo las emisiones brutas, lo que obliga a cambios sistémicos profundos, la idea de la compensación de emisiones se convierte en un enorme fraude dentro del compromiso empresarial por la descarbonización.


Pero en lugar de centrar los esfuerzos en la reducción de las emisiones brutas, las empresas están buscando maneras de mantener su status quo mientras construyen una narrativa llena de falsas soluciones.


Resumimos estas trampas, estos espejismos y estas falsas soluciones sin base científica en siete grandes tentaciones en las que las empresas están cayendo.

BUENISMO CORPORATIVO. Las empresas dicen estar comprometidas con el Acuerdo de París y contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero sus prácticas apenas cambian y no hay control real para saber si lo están haciendo realmente. Es un auténtico greenwashing (malas prácticas que algunas empresas realizan cuando presentan un producto o cualquier propuesta como respetuoso ante el medio ambiente aunque en realidad, no lo sea).

FINANZAS “SOSTENIBLES” Y NEUTRALIDAD “TECNOLÓGICA”. Las empresas abrazan la neutralidad climática si se acepta lo que ellas denominan “neutralidad tecnológica”, una regla que establece que todas las tecnologías sirven para luchar contra el cambio climático, aunque emitan gases de efecto invernadero. Además, reciben ayudas públicas y financiación de la banca sin estar condicionadas al cumplimiento de criterios climáticos, ambientales o sociales.

FALSOS “BIO”: CAMBIAR Y CONFUNDIR LAS COSAS. Desde hace años, los prefijos “bio” y “eco” o el adjetivo “verde” inundan las campañas de publicidad. En la gran mayoría de los casos se trata de publicidad engañosa que solo está entorpeciendo la lucha contra la emergencia climática.

TRUCAR LA CONTABILIDAD DE LAS EMISIONES. De nada sirve abrazar la causa de la descarbonización si no se realiza un cálculo correcto de la huella de carbono en toda la cadena de valor. No sirve ser “neutrales” en España y externalizar las emisiones a los países más pobres del mundo.

COMPRAR ENERGÍA VERDE. Actualmente no existe en España ninguna comercializadora que venda energía de origen 100% renovable. La energía de origen renovable circula por la red de transporte y se distribuye por la red de distribución de energía eléctrica mezclada con la de origen no renovable.

PLANTAR ÁRBOLES. El papel de los bosques en la mitigación del cambio climático está generando demasiadas expectativas. Las actuaciones deben estar dirigidas a restaurar la biodiversidad: no es lo mismo restaurar bosques que plantar árboles.

LA CAPTURA Y ALMACENAMIENTO DE CO2. La tecnología de captura y almacenamiento de carbono no está capturando emisiones a gran escala. Se calcula que esto no sucederá hasta por lo menos el año 2030 y el IPCC ya ha advertido que los próximos 10 años son vitales para evitar que la temperatura media del planeta supere el 1,5 ºC, por lo que no podemos confiar en esta técnica.


Llevamos mucho tiempo insistiendo en que para abordar los principales desafíos sociales de nuestra época y lograr los objetivos de sostenibilidad establecidos en el Acuerdo de París, se requieren cambios en los estilos de vida y en las pautas de consumo y producción en todos los países industrializados y en países en vías de industrialización.


Por este motivo, para avanzar en la descarbonización de la economía, es necesario que los objetivos de la transición ecológica se apliquen al modelo económico en su conjunto. Necesitamos un giro de 180 º, un cambio de rumbo por parte de los gobiernos, las empresas y la sociedad. Pero ¿cómo?

Condicionando las ayudas económicas a la agenda climática y ambiental

Tanto las ayudas públicas como los rescates del Estado a empresas deben estar condicionadas al cumplimiento de la hoja de ruta de la descarbonización de la economía española, en línea con las recomendaciones científicas para no superar el 1,5 ºC de aumento de la temperatura global. También es fundamental instaurar una fiscalidad verde que fomente las prácticas beneficiosas con el medio ambiente, así como premiar aquellas opciones que cuiden a los trabajadores y trabajadoras. Por último, las ayudas del Fondo de Recuperación europeo también deben estar vinculadas a objetivos de economía verde y circular, así como al principio de “no hacer daño”, es decir, que no puedan ser usadas en ningún caso para actividades que contribuyan al cambio climático y causen daños a la biodiversidad.

Evitando el greenwashing en materia de cambio climático

Es fundamental que la futura Ley de Cambio Climático de la UE prohíba expresamente el lobby, la publicidad y el patrocinio de las empresas de combustibles fósiles. Además, es necesaria una modificación de la Ley General de Publicidad para evitar la publicidad engañosa de productos, bienes y servicios emisores de gases de efecto invernadero.

Imponiendo más reglas para el sector empresarial

Hay que avanzar en la obligatoriedad del reporte sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y/o el cálculo de la huella de carbono, además de medir correctamente las emisiones de la actividad financiera. Se hace también necesaria una ley de diligencia debida que obligue a las empresas transnacionales a cumplir con los acuerdos y obligaciones internacionales en materia de derechos humanos y medio ambiente, además de un Tratado vinculante sobre Empresas y Derechos Humanos. Por último, en el ámbito del control de la actividad energética necesitamos organismos independientes al servicio del interés público, así como legislar para evitar los oligopolios.

Alineando los objetivos de reducción de emisiones con las recomendaciones científicas

Tanto a nivel europeo como estatal, las leyes de cambio climático deben establecer un objetivo de reducción de emisiones más ambicioso. A nivel nacional, este objetivo debe elevarse hasta al menos el 55% de reducción de las emisiones para 2030 respecto a 1990. Tanto en la UE como en España es necesaria la creación de un órgano científico independiente que asesore a las instituciones a la hora de diseñar planes y políticas. Por último, la mejora, restauración y protección de los sumideros de carbono (bosques, humedales, costas) debe ser simultánea y adicional a los recortes rápidos y profundos en las emisiones de gases de efecto invernadero. En ningún caso pueden ser sustitutivos de la reducción de emisiones.

Las estrategias, malas prácticas, argucias, trampas y falsas soluciones que están siendo construidas para poner palos en la rueda de la gobernanza climática mundial deberían ser castigadas. Desde las plataformas ambientales se denuncia constantemente que una parte de las empresas tan solo ha mudado de piel y están utilizando la transición ecológica y la descarbonización como un eslogan pero ES MENTIRA.

No es solo una pugna por el relato; lo que está en juego actualmente es el mismo objetivo del Acuerdo de París. Si no se pone freno a estas estrategias empresariales corremos el riesgo de perder una década clave en la lucha para mantener la temperatura media del planeta por debajo de 1,5 ºC.


REFLEXIONES: Necesitamos un Futuro muy diferente

Publicado el 8 Ee enero Ee 2021 a las 14:30 Comments comentarios (8)

El mensaje de la COVID-19 está claro: necesitamos avanzar rápido hacia un futuro muy diferente.


El coronavirus no ha desaparecido, como prometió Donald Trump (RIP). Tampoco se ha contenido con éxito, como ha descubierto Europa. Se establece cada día un nuevo récord mundial de infecciones. Todo el mundo espera, o por lo menos yo, ponerse la vacuna, la que le toque, con el fin de recobrar alguna apariencia de normalidad en la vida.


La COVID-19 ha demostrado repetidamente la inutilidad de las fuerzas armadas, la injusticia del sistema económico y el impacto perjudicial de las emisiones de carbono. Estos pilares del orden establecido: la industria militar y la energía sucia, que los hacen funcionar a los dos, se revelaron en un tris como realmente anormales.


Consideremos el papel de las fuerzas armadas en la seguridad nacional. Se gastan en todos los países del mundo cerca de dos billones de dólares al año en armas diseñadas para defender la patria y proteger a la ciudadanía. Pero todos los tanques, misiles y soldados en la frontera no han podido hacer nada para impedir la propagación del nuevo coronavirus o detener su mortalidad. 


Antes de la irrupción de la COVID-19, la creciente división entre ricos y pobres se hizo cada vez más evidente tanto a escala doméstica como mundial. La pandemia ha hecho aún más visible esa división. Debido a la falta de mascarillas, agua para el lavado de manos y espacio para guardar la distancia social, las personas pobres han estado en apuros para evitar la infección. Los trabajadores pobres se han visto obligados a asumir mayores riesgos de exposición por el mero hecho de asistir a sus trabajos en el campo, los mataderos y los hospitales. La pobreza extrema aumenta por primera vez desde hace más de veinte años.


El repliegue de la industria y los viajes se ha acompañado de una importante reducción en el uso de combustible fósil. Como consecuencia de los confinamientos económicos, las emisiones diarias de carbono cayeron mundialmente un 17% en los meses de abril y mayo de 2020. La contaminación del aire disminuyó también, mejorando de forma inmediata la salud de las personas. Los residentes en el norte de la India podían ver el Himalaya por primera vez en treinta años y la contaminación de Los Ángeles prácticamente desapareció.


Sería reconfortante pensar que el mundo haya prestado atención a las advertencias de la COVID-19. Pero muchos países, incluyendo Estados Unidos y China, siguen incrementando su gasto militar. Se destina muy poco de los billones de dólares correspondientes al estímulo económico al alivio de la pobreza y mucho menos a una reestructuración fundamental de la economía mundial en términos más equitativos.


Y aunque la caída en las emisiones de carbono fue este año mayor que durante la crisis financiera de 2008 o del petróleo en 1979, la comunidad internacional no ha emprendido ningún compromiso colectivo adicional para aprovechar esta suerte inesperada, congelar en todo el mundo las reducciones en la huella de carbono y emprender una transición más veloz hacia la energía limpia.


Se necesitan inmediatamente recursos para combatir el impacto de la pandemia y los presupuestos militares serían las arcas económicas lógicas de donde extraer dichos recursos. Un acuerdo ecológico a escala mundial podría reducir simultáneamente las emisiones de carbono y crear puestos de trabajo mediante la construcción de la infraestructura de energía limpia. Los dirigentes mundiales, estimulados desde abajo por los movimientos populares, deberían ver la pandemia como una oportunidad para un cambio transformador.

 

LA AGRICULTURA INTEGRADA DE LA HUERTICA

Publicado el 19 Ee diciembre Ee 2020 a las 4:15 Comments comentarios (0)


Hoy vamos a hablar de la forma de producción agrícola característica de la mayoría de los productos frescos de LA HUERTICA, que como ya sabéis no tienen sello ecológico pues hoy en día para nosotros es un coste inviable y también innecesario, porque conseguimos una calidad del producto excelente, cultivado sin aditivos químicos que lo hace más sano y respetando el medio. LA AGRICULTURA INTEGRADA.

 

Nosotros siempre decimos que es un producto “del terreno”, cultivado con la experiencia de nuestros agricultores que aprendieron todo sin la necesidad de medicar sus cultivos, aprovechándose de todos los recursos naturales que tenían a su alcance, como rotación de cultivos, barbechos, fases lunares, cultivos en terraza y riegos tradicionales, combinado con nuevos conocimientos y maquinaria, respetando siempre el entorno.

 

La agricultura integrada es un sistema productivo más cercano a la agricultura ecológica que a la agricultura convencional. De hecho, en muchas ocasiones se dice que la producción integrada es el preludio de la conversión a la agricultura ecológica de las granjas o parcelas agrícolas. Pues para conseguir sello ecológico necesitas varios años de producción integrada en la explotación de ese suelo.

 

La agricultura integrada se caracteriza por ser un modelo basado en la producción racional y sostenible de alimentos, en lo que se minimiza el impacto en el medio ambiente y se potencian los métodos para la producción de alimentos libres de residuos tóxicos.

 

El origen de la producción integrada se encuentra en la necesidad de emprender acciones sostenibles que actúen de forma preventiva y en la lucha contra la aparición de plagas y enfermedades en los cultivos, uno de los rasgos característicos de la agricultura ecológica.

 

La producción integrada permite el uso de todas las técnicas disponibles, pero con la distinción de que éstas deben aplicarse en el momento óptimo y apropiado. De esta manera intenta reducir el impacto negativo sobre el medio ambiente y busca el desarrollo de la biodiversidad y la conservación de los ecosistemas. Combina técnicas de cultivo ecológicas con la implementación de una maquinaria óptima, un correcto manejo del suelo, control de la flora, el uso de riego, fertilizantes o de los productos que ayuden a controlar la aparición de plagas y enfermedades.

 

En España el cultivo con un mayor número de hectáreas en producción integrada es el olivo, seguido por cultivos como cereales, árboles frutales o viñedos.

 

Es posible que muchos de los que estéis leyendo este artículo hayáis visto el logotipo que aparece en la imagen en varios alimentos que consumís habitualmente. LA HUERTICA busca siempre esta filosofía de campo. Seguro que habéis visto ese logo de la imagen en alguno de nuestros productos como los plátanos, peras y manzanas; la oliva, la almendra, el albaricoque, melocotón, paraguaya, mango, pomelo, mandarina y la uva. Es el sistema de producción que utilizamos en nuestro huerto de cítricos, dónde aprovechamos al máximo los recursos naturales (sistema de riego en terraza, riego por acequia, abonos naturales, combinación de cultivos, rotaciones) combinados con nuevas tecnologías y maquinaria específica para agilizar el trabajo (máquinas de arado de tierra, de trituración de la madera de poda para aportar nitrógeno, composteras, desbrozadoras, motosierras) con técnicas de prevención y control de plagas (cepos de vinagre y pescado para los insectos y otros cepos para babosas, preparado del suelo, control de los bichitos buenos) evitando tener que utilizar fumigaciones innecesarias y peligrosas para el consumidor, pero sobre todo para el que da el tratamiento, con el fin de conseguir un producto de máxima calidad, la naranja.

 

Todos los productos que nosotros catalogamos "del terreno" utilizan esta técnica, porque es un sistema equilibrado entre el conocimiento y la experiencia de nuestros mayores, que se ocuparon de la tierra cuando no había nada más que sol y agua, y ni un duro en el bolsillo, y las nuevas técnicas y maquinaria que facilitan el trabajo en el campo. No usamos sello integrado, pero lo somos como se suele decir por “motivos de producción”, porque no hay dinero pero el trabajo bien hecho lo demostramos en la calidad del producto, sobre todo en su sabor.

 

LA HUERTICA busca siempre este sistema porque es el que más se adapta a nuestras necesidades, muchos de los productos frescos ecológicos no tienen sabor, o no tienen la calidad esperada, porque tú puedes cultivar una naranja ecológica y que ésta sea mediocre por muchas razones, porque la semilla es mala o se ha cultivado en condiciones diferentes y adversas a las que el necesita para desarrollarse. Lo que necesita no es solo amor, sino mucho calor, sol y que la tierra sea un poco salina, como las nuestras que son excepcionales.

 

Hoy es el V aniversario de La Cumbre de París

Publicado el 11 Ee diciembre Ee 2020 a las 14:15 Comments comentarios (0)


Cinco años han pasado desde el momento histórico en el que 195 países adoptaron un acuerdo mediante el cual se comprometían a establecer medidas reales y efectivas para evitar que el calentamiento de la Tierra superara el 1.5ºC. Un hito sin precedentes que debía proteger a la ciudadanía y al planeta de llegar a un punto de no retorno.


En la víspera del quinto aniversario del Acuerdo de París sobre el clima, la UE acordó reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. “Gran manera de celebrar el aniversario de La Cumbre de París”, decían ayer todos los telediarios. Pero ¿Cómo? Me huele a otro pase de postureo.


Vamos por partes, ¿por qué es tan importante este aniversario? Lo es porque no se trata de un acuerdo internacional como cualquier otro, que es firmado y olvidado inmediatamente, con la excepción de unos pocos especialistas. Por el contrario, se trata de celebrar una movilización sin precedentes, de casi todos los países del planeta (194 signatarios) pero también de la sociedad civil, de los investigadores, de las empresas y de todos los sectores que componen nuestras sociedades.


Hace cinco años en París, afirmamos masivamente nuestra responsabilidad con las generaciones futuras, y decidimos limitar el calentamiento global a 2°C para finales de siglo. El texto establece un marco único, flexible y dinámico de obligaciones colectivas y universales, abierto a la consideración de las circunstancias nacionales y a los niveles de desarrollo de cada país. Establece de manera inamovible un ambicioso objetivo colectivo y necesario para la preservación de los ecosistemas del planeta y de las condiciones de vida de las poblaciones.


Este logro fue el fruto de 20 años de debates en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Río. No podemos permitirnos el mismo plazo para pasar a la acción. La situación es grave. Al ritmo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, el calentamiento alcanzará los 4°C para finales de siglo o 3° si todas las contribuciones determinadas a nivel nacional se implementan en su totalidad.


La Unión Europea se ha fijado la meta extremadamente ambiciosa de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 40% para el año 2030 y esperamos poder ir aún más lejos, aspirando a una reducción de alrededor del 55% de las mismas, la cual será discutida por nuestros Ministros de Medio Ambiente. La UE también está aplicando una estrategia encaminada a la neutralidad de carbono para el 2050, prestando una atención prioritaria a la preservación de la biodiversidad.


"Se fijan objetivos lejanos e hipotéticos, pronuncian grandes discursos pero, cuando se trata de la acción inmediata que necesitamos, estamos siempre en la negación completa y perdemos tiempo con nuevas escapatorias, palabras vacías y contabilidad creativa", Greta Thunberg.


Desgraciadamente, el 12 de diciembre, no hay efeméride que celebrar. La emergencia climática continúa. Los cinco años de medidas reales y efectivas se han desvanecido sin ningún compromiso climático especialmente relevante. Los gobiernos traen con una mano la retórica para salvar el clima, con la otra siguen vertiendo dinero en los combustibles fósiles, y la gente y la naturaleza se quedan a pagar la cuenta. Y todo, porque ningún Gobierno ha tenido todavía el valor de hacer lo que se le presupone: proteger a sus ciudadanos y ciudadanas de los peores impactos del cambio climático.


El año 2020 será el más cálido que se haya registrado. También debe ser para nosotros el año de un punto de inflexión y un nuevo compromiso. Durante la COP21, todos los signatarios se comprometieron a elevar su ambición climática mediante una nueva contribución determinada a nivel nacional por la COP26, que ahora se celebrará en 2021. Éste debe ser nuestro objetivo.

 

GUIA DE CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA

Publicado el 4 Ee diciembre Ee 2020 a las 14:00 Comments comentarios (0)

GUÍA DE CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA:


1. CAMBIO CLIMÁTICO Y CONSUMO (Huella de Carbono)

 

  • 1.1 LA HUELLA DE CARBONO
  • 1.2 EL CONSUMIDOR ES LA CLAVE

 

2. CRITERIOS PARA UN CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA

 

  • 2.1. CRITERIOS PARA UN CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA
  • 2.2. CÓMO TOMAR UNA DECISIÓN MÁS RESPONSABLE CON EL CLIMA

 

3. IDEAS PRÁCTICAS PARA DISMINUIR TU HUELLA DE CARBONO

 

  • 3.1 LA VIVIENDA
  • 3.2 LA MOVILIDAD
  • 3.3 LA ALIMENTACIÓN
  • 3.4 LA ENERGÍA QUE CONSUMIMOS

4. PROPUESTAS DE MEJORA

 

  • 4.1 ETIQUETADO DEL CONTENIDO DE co2 EN PRODUCTOS DE CONSUMO
  • 4.2 RACIONALIZACIÓN DEL CONSUMO
  • 4.3 COMPRAS PÚBLICAS BAJAS EN CARBONO
  • 4.4 TARJETA PERSONAL DE EMISIONES

 

GUÍA DE CONSUMO RESPONSABLE. INTRO: Lo importante es lo que haces No lo que compras.


Todos ya sabemos que hay que consumir responsablemente, tanto desde el punto de vista global como en nuestras pautas individuales y poner los cimientos para que las generaciones venideras puedan disfrutar de una calidad de vida en términos de salud, bienestar y solidaridad en un marco de clima y desarrollo sostenibles.

Estamos cansados de repetir que para hacer realidad la sostenibilidad del desarrollo humano hace falta un cambio en la perspectiva global, actuando sobre las causas fundamentales, es decir sobre las pautas económicas de producción-consumo que no son sostenibles ecológicamente por exceder la capacidad de carga de los ecosistemas. El objetivo final es la definición de un nuevo modelo de relaciones entre la sociedad y la naturaleza que permita conseguir el gran reto del siglo XXI: lograr la sostenibilidad del desarrollo humano y de todas las formas de vida en co-evolución con la biosfera compartiendo un destino común.

El consumo responsable ha dejado de ser un concepto especializado sólo manejado por expertos y ha pasado a ser un fenómeno que preocupa y atañe a la ciudadanía, o por lo menos a esa parte donde nos encontramos nosotros.

Hoy en día los consumidores saben que sus compras y hábitos de consumo tienen un impacto sobre la sociedad en general y sobre el medio ambiente. Ejemplos como la eliminación de los CFCs1 en los aerosoles y sistemas de refrigeración, la difusión del etiquetado energético europeo, o la extensión de los sistemas de recogida y reciclado de envases han sido posibles gracias a que los consumidores han asumido que existe un impacto ambiental asociado a sus compras, aunque con frecuencia este impacto no se comprende completamente. Por otra parte, el cambio climático se ha convertido en el problema ambiental más tratado en los medios de comunicación. Uno de los mensajes clave que ya se ha generalizado es que el cambio climático es un problema tan grave y complejo que su responsabilidad se extiende a todos los ámbitos de la sociedad y, por tanto, desde todos estos ámbitos debemos cambiar nuestro modo de tomar decisiones y de actuar. Por ello no es de extrañar que un número creciente de consumidores, administraciones y empresas como nosotros se estén haciendo preguntas como:


¿Cómo influye el consumo sobre el cambio climático? ¿Cómo va a afectar la preocupación por el cambio climático a los hábitos de consumo? y ¿cómo se puede contribuir a la lucha contra el cambio climático desde el consumo?


Estas cuestiones ponen de relieve un elemento fundamental cuando hablamos de consumo responsable y cambio climático: el poder del consumidor para reducir su impacto y para premiar a las empresas que innoven con productos más limpios y eficientes. Pero si bien es cierto que nunca antes los consumidores habían cuestionado tanto a las marcas de consumo, a las empresas que hay detrás y a sus impactos sociales y ambientales, también lo es que todavía son minoría los consumidores que utilizan herramientas de elección y presión, como la compra responsable o el boicot a productos y marcas por cuestiones ambientales o éticas.

Podríamos analizar las barreras que hoy en día dificultan que los consumidores pasen de la preocupación a la acción: del cuestionamiento de determinados comportamientos empresariales a la utilización de su poder como compradores, escogiendo a los mejores productos y vetando a los menos responsables. Entre estas barreras encontramos justificaciones tan variadas como la idea preconcebida de que los productos limpios son más caros, que su calidad es cuestionable, o que vienen de marcas poco familiares para el consumidor y que no ofrecen confianza. Por otra parte, los consumidores sienten a menudo que no disponen de información suficiente y de calidad para hacer una elección responsable, lo que supone un reto para los fabricantes y vendedores, para los organismos públicos reguladores y para organizaciones de la sociedad civil como las asociaciones de consumidores y las organizaciones ecologistas.


El objetivo de esta guía consiste en tratar de vencer esas barreras aportando claridad a algunos de los puntos críticos para la extensión de un modelo de consumo responsable que ayude a luchar contra el cambio climático. Por eso hemos divido esta guía de consumo responsable en cuatro partes que iremos publicando semanalmente para ayudar, al que así lo quiera, en la lucha contra el cambio climático desde una perspectiva individual, para no tener que morir esperando al político héroe que llevamos años esperando.


En primer lugar, trataremos de describir cuál es la relación entre cambio climático y consumo: cómo, desde nuestro papel de consumidores, estamos contribuyendo al calentamiento global con nuestros hábitos de compra, cómo de importante es esta contribución y cómo de relevantes las soluciones que podemos aportar.

En segundo lugar, ofrecemos algunos criterios generales para un consumo responsable con el clima. Se trata de indicaciones generales que ayudan a entender cómo podemos hacer frente al cambio climático desde nuestros hábitos como consumidores. Nuestro objetivo es que estos criterios sirvan para entender el problema y que ante cualquier decisión, el consumidor entienda el impacto sobre el cambio climático de varias alternativas, sepa valorar la importancia de su decisión y pueda obrar en consecuencia.

En tercer lugar, presentamos doce sugerencias concretas para actuar frente al cambio climático desde nuestro papel de consumidores. Se trata de mostrar ejemplos para aquellos que todavía se preguntan “sí pero, ¿qué puedo hacer yo?”. Doce sugerencias concretas entre las que cualquiera puede escoger para aplicar en su caso, y a partir de ahí encontrar sus propias ideas para contribuir a detener el cambio climático.

Finalmente presentamos cinco propuestas institucionales para contribuir a la lucha contra el cambio climático desde el consumo. Ideas que para su puesta en marcha necesitan del acuerdo y participación de administraciones públicas, empresas, organizaciones de la sociedad civil y consumidores, y que muestran por dónde está discurriendo el camino del consumo responsable frente al cambio climático en las sociedades más innovadoras, y por dónde deberemos caminar nosotros en los próximos años.

Sólo desde el convencimiento por parte de todos los actores de que también desde el ámbito del consumo hay muchas posibilidades de actuar, lograremos crear el clima necesario para que puedan implantarse paulatinamente unos cambios en nuestros hábitos de consumo que en definitiva, van a ser inevitables si queremos detener el calentamiento global.


1. CAMBIO CLIMÁTICO Y CONSUMO

1.1 El cambio climático desde la perspectiva del consumo: la huella de carbono

Cada vez estamos más acostumbrados a oír hablar de las emisiones de carbono y las toneladas de carbono que emite cada país, y más recientemente, cada ciudadano. El enfoque de contabilización de las emisiones utilizado más generalizado, es la llamada “perspectiva de la producción”. Se contabilizan las emisiones generadas en cada territorio, independientemente del destino de los productos o servicios que han generado esas emisiones. Así por ejemplo, si en un lugar se produce electricidad que luego se exporta, las emisiones de la generación de la electricidad se contabilizarán en el territorio donde se produce la electricidad, aunque luego ésta se consuma en otro lugar. Por el contrario, si en un territorio se consume electricidad, pero ésta es importada, las emisiones de carbono no se estarían contabilizando como propias de ese lugar donde se consume.

Frente a este enfoque existe la contabilización de las emisiones desde la “perspectiva del consumo”. Según este enfoque, las emisiones generadas por la fabricación de un producto se contabilizan allá donde el producto se consume y no donde éste se haya fabricado. Por ejemplo, si en Murcia compramos un electrodoméstico fabricado en China, desde la perspectiva del consumo las emisiones correspondientes a la fabricación de ese electrodoméstico serían responsabilidad del comprador murciano y no del fabricante chino. El cálculo de emisiones desde la perspectiva de la producción se realiza contabilizando y sumando todos los focos de emisiones de una región determinada. Para el cálculo según la perspectiva del consumo, a las emisiones generadas en una región habrá que restar las emisiones “exportadas” (a través de todos los productos o servicios que acaban consumiéndose fuera de la región), y sumarle todas las emisiones “importadas” en los productos producidos en el exterior. A la contabilización de las emisiones desde el punto de vista del consumo, también se le llama “huella de carbono”, y da una visión más real del impacto de nuestras actividades sobre el clima de la Tierra.

Si bien la perspectiva de la producción es muy útil para controlar la evolución de las emisiones en cada país o región, esta perspectiva se queda corta si lo que queremos es buscar las mejores medidas para reducir las emisiones desde nuestros hábitos de consumo.

Siguiendo con el mismo ejemplo, este punto de vista nos permitirá diseñar actuaciones que acabarán reduciendo las emisiones en China más que en Murcia, pero siendo el cambio climático un problema global, estas reducciones serán igual de valiosas que las reducciones locales.

En definitiva, la utilización de la huella de carbono nos permite contar con más elementos para diseñar acciones de mitigación del cambio climático. Nos permite valorar de una manera más real el impacto sobre el clima de nuestros hábitos de consumo y el potencial de mitigación de las medidas de lucha contra el calentamiento global. Así por ejemplo, el cálculo de la huella de carbono en España revela que las actividades de consumo con más impacto sobre el clima son, en este orden: la vivienda y los bienes del hogar, el transporte cotidiano, la alimentación y la energía consumida en casa. Es evidente que es en éstos sectores donde debemos tratar de incidir en mayor medida en la mitigación del cambio climático.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA), el consumo doméstico de los ciudadanos europeos representa una de las mayores presiones ambientales no sólo en Europa sino también fuera de sus fronteras y además el impacto está creciendo al menos desde 1990. Esta creciente presión se explica no sólo por el crecimiento económico, sino por factores sociales y demográficos. Además, aunque la eficiencia energética de los electrodomésticos cada vez es mayor, el consumo energético de las viviendas no disminuye. La razón es que ha aumentado mucho el número de electrodomésticos y aparatos que usamos habitualmente y además su vida media es muy corta debido a los rápidos cambios de moda y tecnológicos.


1.2 Los consumidores tenemos un doble papel en la mitigación del cambio climático

Según trabajos de la propia Agencia Europea del Medio Ambiente o de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las políticas más efectivas para reducir el impacto ambiental del sector doméstico consisten en combinar medidas legales, de mercado, informativas y educativas. Y en este marco, el papel del ciudadano como consumidor es fundamental por varias razones. En primer lugar porque a la hora de comprar un producto o servicio, tiene en su mano la capacidad de escoger, de entre todas las alternativas, aquella opción más respetuosa con el clima. Si además tenemos en cuenta que muchos productos generan un mayor impacto durante su uso que durante la fabricación se revela que los hábitos de uso de los consumidores son también clave en la prevención del cambio climático. Pero sobre todo, los consumidores representan una palanca clave para modificar la actuación de las empresas. Frente a medidas legislativas y a la presión de las organizaciones sociales, la demanda de los consumidores se ha mostrado como uno de los mecanismos más rápidos para hacer cambiar a las empresas y al diseño de sus productos y servicios. Efectivamente, si el consumidor discrimina a la hora de hacer sus compras, favoreciendo a las empresas que más responsabilidad muestran hacia el cambio climático, el mercado está mandando una señal que puede tener un efecto mucho más rápido y más profundo que muchas medidas legislativas.


2. CRITERIOS PARA UN CONSUMO RESPONSABLE CON EL CLIMA


Hay quienes denominan a la sociedad de los países desarrollados la sociedad de consumo. En efecto,para bien o para mal, una parte importante de nuestra economía depende del consumo de masas. Pero no debemos perder de vista que el consumo tiene toda una serie de consecuencias ambientales y sociales.

Una de estas consecuencias es la emisión de considerables cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, resultado del consumo de combustibles fósiles en la producción de energía, bienes y servicios y en el transporte de productos, cada vez mayor en el actual mercado global.

Una de las principales dificultades que expresan los consumidores para actuar responsablemente en su consumo es la falta de información. De hecho una gran parte de consumidores ya está concienciada frente al cambio climático y le gustaría poder obrar en consecuencia, pero en muchas ocasiones no sabe cómo. Y por otra parte, algunas empresas están actuando proactivamente e incorporando criterios de protección del clima en sus actividades, pero no siempre son reconocidas y recompensadas por ello. Tanto los consumidores concienciados, como las empresas más responsables se verían beneficiados por la existencia de herramientas rigurosas y con credibilidad que informen sobre la responsabilidad climática de las empresas y sobre la “mochila de carbono” de los productos. La información sobre el impacto climático de cada producto puede ser recogida en forma de un “etiquetado climático”, análogo al etiquetado energético, que tendría un gran potencial para mover el mercado hacia un comportamiento más respetuoso con el clima.

El segundo aspecto fundamental para que nuestras acciones como consumidores puedan ser más responsables está en el conocimiento del desglose de nuestra huella de carbono. Si no sabemos cuáles de nuestras acciones de consumo son las que emiten mayor cantidad de gases de efecto invernadero difícilmente podremos atajar el problema con eficacia.

Pero la capacidad de los consumidores para contribuir a la mitigación del cambio climático va mucho más allá de la elección de los productos a la hora de la compra. Los consumidores compran cada vez más productos que para funcionar requieren energía y que generan emisiones de gases de efecto invernadero (electrodomésticos, aparatos informáticos, electrónica de ocio...). Además, los rápidos cambios en la moda, la poca duración de los productos y el elevado coste relativo de las reparaciones conducen a que estos aparatos se renueven en un plazo cada vez menor, con el consiguiente aumento en las emisiones debidas a la fabricación, la distribución y eliminación de los productos. Por tanto, también es esencial la información al consumidor que permita conocer los consumos energéticos de los productos, sus posibilidades de reparación o de actualización y mejora, su duración media y sus necesidades para la gestión de los residuos.

En efecto, todo producto o servicio que consumimos ha generado emisiones durante su fabricación.

Emisiones directas por el consumo energético necesario en todos los procesos de producción, o porque los propios procesos de producción generan gases de efecto invernadero (la fabricación de cemento por ejemplo, emite gases de efecto invernadero por los procesos químicos que intervienen y que se suman a los gases emitidos por la quema de combustibles necesarios para fabricar ese mismo cemento). Pero además la propia producción genera emisiones indirectas asociadas al consumo de los recursos naturales necesarios. Por ejemplo, la obtención de metales a partir del mineral de las minas es un proceso que consume mucha energía y agua y genera grandes cantidades de gases de efecto invernadero. Por tanto, la fabricación de productos a partir de metal no reciclado conlleva indirectamente una gran cantidad de emisiones.

Además, el transporte sigue siendo uno de los mayores causantes del cambio climático por la quema de combustibles fósiles. Todo producto necesita ser transportado durante tres fases de su ciclo de vida: el transporte de las materias primas previo a la fabricación del producto, la distribución del producto desde las fábricas hasta los puntos de venta, y el transporte de los desechos del producto una vez que éste ha terminado su vida útil.

Por último, cuando el producto termina su vida útil se convierte en un residuo que hay que tratar. El tratamiento de los residuos de cualquier producto es otra actividad que genera emisiones de gases de efecto invernadero. Según los materiales con los que esté constituido el producto, y según el tipo de tratamiento que le demos, la cantidad de emisiones será mayor o menor. En cualquier caso, el tratamiento final es una etapa del producto que también tiene un impacto sobre el clima.

Así, si bien la fabricación de los productos es percibida como una de las principales causas de la contaminación y el cambio climático, el propio acto del consumo es el que arrastra de toda esta cadena, el responsable último de todos los impactos que tienen la producción, el transporte y tratamiento de los residuos de los productos.

Es por ello que debemos recurrir a unos hábitos de consumo conscientes con los impactos que éste genera: es lo que llamamos consumo responsable. Ello implica saber elegir los productos con menos impacto, los productos más limpios. Pero también requiere cambios más profundos de nuestros hábitos de consumo como podría ser el consumir menos eliminando las necesidades superfluas, o el sustituir el consumo de productos por el uso de servicios que satisfagan las mismas necesidades con menos utilización de materiales y energía.


2.1. Criterios para un consumo responsable frente al cambio climático:

Consumir menos: evitar compras impulsivas de productos que no necesitamos (¿realmente necesito una nueva cafetera exprés? ¿no me sirve ya mi cafetera de siempre que funciona perfectamente?), que no estamos seguros de usar (¿cuántos libros que se compran acaban sin ser leídos? ¿cuántas bicicletas estáticas acumulan polvo en un trastero?), que podemos tomar prestados de amigos o de un servicio público (¿me compro un taladro para colocar ese cuadro, se lo pido al vecino, o busco uno en el centro de préstamo?), o que podemos sustituir por un servicio profesional que satisfaga la misma necesidad (con esta lavandería tan cerca de casa no voy a necesitar comprar una lavadora)

Informarse para elegir: si aun así se decide comprar algo, no todos los productos son iguales. Es necesario informarse sobre las distintas opciones y sobre los impactos de cada una, no sólo durante su fabricación, sino también durante su uso y su eliminación, así como el transporte necesario para que el producto haya llegado a tus manos. También es interesante conocer la duración media que tendrá el producto, así como las posibilidades de reparación y de mejora del producto. Si un producto ya fabricado sólo dura un año, al cabo de un año tendremos

que renovarlo por otro nuevo, con lo que se volverá a emitir más carbono. Si un producto similar dura cinco años, o puede mantenerse y actualizarse para que dure más, evitaré comprar otro producto nuevo y evitaré las emisiones correspondientes.

Uso responsable: el consumo no acaba en el momento de la compra. Si hemos comprado un producto, debemos usarlo responsablemente, sobre todo para no derrochar energía u otros recursos durante su utilización, y para asegurarnos de que sus residuos son tratados adecuadamente.


2.2. Cómo tomar una decisión más responsable con el clima:

Debes preguntarte si lo que vas a comprar va a satisfacer realmente una necesidad o deseo, o bien si lo compras compulsivamente.

Piensa a qué tipo de comercio quieres favorecer. No olvides que consumir productos locales, productos ecológicos o de comercio justo, productos naturales y productos reutilizados y reciclados, son sin duda las mejores opciones medioambientales y sociales.

Infórmate acerca de las repercusiones sociales y medioambientales de los bienes y servicios. Pide información. Es tu derecho.

Asegúrate de la calidad de lo que compras, de cara a adquirir bienes más saludables y duraderos.

Busca alternativas que minimicen la explotación de los recursos naturales: segunda mano, reutilizar, intercambios, reparación.

Haz un buen mantenimiento de las cosas y cuando acabe la vida útil de un producto, ten en cuenta las posibilidades de reciclar los materiales de que está hecho.


3. IDEAS PRÁCTICAS PARA DISMINUIR TU HUELLA DE CARBONO


3.1 La Vivienda: Cómo mejorar la eficiencia energética de tu hogar

Siguiendo con nuestra GUÍA, hoy nos ponemos en modo práctico para reducir el impacto sobre el clima de nuestras acciones como consumidores. Como ya hemos contado anteriormente, el cálculo de la huella de carbono en España revela que las actividades de consumo con más impacto sobre el clima son, en este orden: la vivienda y los bienes del hogar, el transporte cotidiano, la alimentación y la energía consumida en casa. Es evidente que es en éstos sectores donde debemos tratar de incidir en mayor medida en la mitigación del cambio climático y nosotros hoy vamos a centrarnos en la vivienda, pero esperamos poder daros más consejos en materia de movilidad, alimentación y energía , las próximas semanas.

A lo mejor estás pensando construir una vivienda de promoción propia, comprar una casa sobre plano o ya construida, alquilar una vivienda o simplemente quieres mejorar la eficiencia energética de la que tienes y nosotros queremos ayudarte.

La construcción de una vivienda y los productos domésticos representan más de un 25% de la huella de carbono de cada consumidor. El consumo energético doméstico representa otro 12% adicional de nuestra huella de carbono, y en gran medida viene determinado por las características de nuestra vivienda. Por ejemplo, una vivienda mal aislada consumirá en calefacción más energía que otra mejor aislada, y esto durante toda la vida del edificio. Del mismo modo, una vivienda bien orientada podrá aprovechar mejor las posibilidades naturales de calor (el sol) o de frío (sombras y corrientes de aire), y también consumirá menos energía y emitirá menos gases de efecto invernadero. Es por ello que la elección de las características de una vivienda son tan importantes en la prevención del cambio climático, tanto si se trata de una vivienda de nueva construcción como una rehabilitación.

Si nos encontrarnos en el caso de poder permitirnos el lujo de construir nuestra propia vivienda, una vivienda de promoción propia, consulta con un especialista en arquitectura bioclimática que te indicará cuales son las opciones más eficientes para el lugar en el que vas a construirla.

Pídele además ayuda para escoger los materiales de construcción que menos emisiones de carbono generen durante su ciclo de vida. El especialista en arquitectura bioclimática te informará sobre aspectos relevantes para el ahorro energético, como:

 

  1. La orientación de la vivienda.
  2. La forma de la vivienda.
  3. La orientación y tamaño de las ventanas y zonas acristaladas.
  4. Las calidades del aislamiento térmico necesario.
  5. Los elementos pasivos como aleros o invernaderos.
  6. La posible incorporación de sistemas de energía renovable (biomasa, solar, térmica y fotovoltaica, geotermia, etc.).
  7. Los sistemas de calefacción más eficientes y limpios.

 

En cualquiera de los casos deberías saber que la rehabilitación de viviendas es una opción mucho más beneficiosa para el medio ambiente y para el clima, ya que se aprovecha un espacio ya utilizado y gran parte de materiales de la construcción original. Una vivienda nueva lleva aparejada la ocupación de un nuevo espacio y la utilización de grandes cantidades de materias primas que, como el cemento, han generado muchas emisiones de carbono en su fabricación. El cambio de uso del suelo que conlleva la nueva construcción supone en ocasiones la deforestación o la pérdida de suelos con cubierta vegetal, y la emisión del carbono que estos ecosistemas habían acumulado.

Si vas a alquilar o comprar una vivienda sobre plano o ya construida, infórmate sobre los materiales, aislamientos e instalaciones de climatización. Pide al vendedor la Memoria de Calidades obligatoria. Además los edificios de nueva construcción deberán obtener una Certificación Energética de Edificios, que otorga una etiqueta energética para los edificios (similar a la que ya existe para electrodomésticos). De esta manera podemos conocer la eficiencia de la vivienda antes de comprarla o alquilarla.

Cuando ya estás ocupando una vivienda y no tienes intención ni de construir, ni comprar ni alquilar nada nuevo, ten en cuenta que todavía puede mejorar o empeorar la eficiencia energética de tu casa dependiendo del uso que le des. De los potenciales ahorros de emisiones de gases de efecto invernadero en nuestra casa, casi el 50% dependerá de nuestros hábitos eficientes:

En primer lugar, es importante un buen mantenimiento de las puertas y ventanas, y, sobre todo, de las calderas o equipos de calefacción y refrigeración. Pero además puedes encargar a un experto una auditoría energética que te dirá cuáles son las opciones de mejora energética que tiene tu vivienda.

No derrochar energía, sobre todo en calefacción y aire acondicionado tiene un efecto notable sobre nuestra huella de carbono. Simplemente tenlo en cuenta y utiliza el sentido común para no utilizar la climatización a temperaturas muy altas o muy bajas, o cuando nadie utilice la vivienda o sus habitaciones.

Una vivienda pequeña, a igualdad de condiciones, será más eficiente y contaminará menos que una vivienda más grande. Si deseas que tu casa no sea una fuente de carbono, no te pases con el tamaño. Los pisos en viviendas colectivas son mucho más eficientes que los edificios unifamiliares y adosados. Casi cualquier piso emite menos que la más eficiente de las viviendas unifamiliares. Si te preocupa el cambio climático y lo que tú puedes hacer, no lo dudes, la elección es clara.

Si os interesa podéis encontrar aquí más información:

https://porelclima.es/equipo/1929-criterios-para-un-consumo-responsable

Esta web engloba a una comunidad que se preocupa por el clima, historias, acciones climáticas que puedes llevar a cabo sobre agua, energía, consumo e inversiones, movilidad, huella de carbono, prevención y gestión de residuos y adaptación. La mayor parte de la información se refiere a eficiencia energética y te ayudará si lo que quieres es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de tu vivienda.


3.2 Movilidad: prioridad al transporte público


El transporte sigue siendo uno de los mayores causantes del cambio climático por la quema de combustibles fósiles. Para frenar el cambio climático demos elegir siempre, en la medida de lo posible, la forma de transporte que menos impacto genere, el más limpio que nos podamos permitir. Dentro de la ciudad, dar prioridad al transporte público o al alquiler de bicicletas. Si tienes coche úsalo poco, solo los casos inevitables, y si estás pensando en comprar, piensa en los eléctricos que poco a poco van siendo más asequibles. Viaja siempre que puedas en tren o barco, evita el avión. Esperamos que en un futuro no muy lejano podamos ver y disfrutar de un aire más limpio.

El transporte cotidiano es la segunda actividad más importante en la huella de carbono de los consumidores, llegando a representar casi una quinta parte del total de nuestras emisiones. En España, el transporte es el sector que más energía consume, alcanzando un 39% del total y en continuo aumento. Solamente los coches privados representan aproximadamente el 15% del total de emisiones en España. Una de las maneras más fáciles que tiene un consumidor para reducir su huella de carbono es olvidarse del coche particular y utilizar el transporte público. Además, hay transporte público para todas las necesidades, sobre todo en la ciudad.

En carretera, un coche emite, por cada viajero, aproximadamente el triple de carbono que un autobús para la misma distancia, y unas siete veces más que un tren de alta velocidad. El avión emite el doble que el coche, y más de quince veces más que el tren rápido. Por eso, deja el avión para cuando sea exclusivamente el único medio que puedes usar. En ciudad, las diferencias entre coche y autobús se disparan. Por eso, en ciudad olvida el coche y utiliza el transporte público, la bicicleta o tus propios pies. De esta manera puedes evitar la emisión de unas 2 t CO2 e al año. Para más información: CeroCO2, iniciativa para el cuidado del clima. En su web dispone de calculadoras de emisiones para desplazamientos por carretera y aéreos. De esta forma puedes conocer cuánto emites si tienes un coche o viajas en avión, y sabrás lo que puedes evitar si te pasas a otros medios de transporte


Transporte limpio y propiedad compartida: bicicletas públicas

Muchas veces, el consumo más responsable consiste en no comprar un producto nuevo si podemos usar una alternativa como el préstamo o el alquiler. Una alternativa de transporte que se está desarrollando rápidamente en muchas ciudades de Europa son los servicios de alquiler público de bicicletas. Por una tarifa, dispondrás de una tarjeta que te permitirá utilizar las bicicletas disponibles. El uso de bicicletas públicas es una alternativa de transporte estupenda que no contamina y que evita la necesidad de comprar y ubicar una bicicleta de ciudad en tu casa. Todo ello puede suponer una reducción de nuestra huella de carbono de hasta 1,5 t CO2 e anuales.

En ciudades más pequeñas en las que no existe el servicio de alquiler de bicicletas, una bicicleta propia o compartida sigue siendo un estupendo medio de transporte. Además, ten en cuenta que cuantos más ciclistas urbanos existan, más nuevos ciclistas se animarán, y más facilidades se ofrecerán a todo el colectivo por medio de carriles-bici, aparcamientos, etc. Por ejemplo en Murcia el servicio de alquiler de bicicletas se ha retroalimentado con la puesta en marcha de nuevos carriles-bici, y la entrada en vigor de una Ordenanza de Circulación de Peatones y Ciclistas, consensuada entre los participantes del Observatorio de la bicicleta. Pero es que Murcia, afortunadamente, está diseñanada para ir en bici.


3.3 La Alimentación y su huella de carbono

Aunque no solemos ser conscientes de ello, nuestra alimentación tiene un gran impacto sobre el clima. Todo lo que comemos ha emitido gases de efecto invernadero durante su producción y su transporte. De hecho, la alimentación es la tercera actividad de los ciudadanos que más emisiones genera, llegando a representar más de un 15% de nuestra huella de carbono.

Tanto la agricultura como la ganadería necesitan de grandes cantidades de suelo. Este suelo solía estar en equilibrio con la vegetación y los microorganismos que lo habitan, de manera que había alcanzado un equilibrio de carbono: anualmente, absorbía al menos tantos gases de efecto invernadero como los que emitía. Sin embargo, al intervenir el ser humano para mejorar la productividad de los suelos, este equilibrio se rompe y la tierra pasa a convertirse en una fuente de gases de efecto invernadero. El proceso se intensifica a medida que lo hace la agricultura: los fertilizantes sintéticos son un producto muy intensivo en carbono. Para su fabricación son necesarios procesos químicos y consumos de energía que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero.

Por otra parte, no todos los alimentos utilizan la misma cantidad de suelo. Por ejemplo, producir un kilogramo de carne de ternera, necesita aproximadamente 10 kg de cereal. Por lo tanto, 1 kg de carne está “ocupando” el terreno necesario para cultivar esos 10 kg de cereal. En cuanto a ocupación de suelo y emisiones, por ejemplo, sería más impactante comer 1 kg de ternera que comer 10 kg de pasta. El ganado vacuno es el más intensivo en carbono. Las emisiones se reducen normalmente en especies de ganado más pequeñas, pero 1 kg de cerdo todavía requiere 6 kg de cereal, y 1 kg de pollo unos 4 kg de cereal.

Además, el ganado genera emisiones adicionales. Cuando el ganado digiere el cereal, y cuando el estiércol se descompone, se generan grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero 21 veces más potente que el CO2 y de óxidos nitrosos (296 veces más potentes que el CO2 como gas de efecto invernadero). De hecho se estima que toda la ganadería mundial tiene un impacto sobre el clima tan grande como el del transporte. Así pues una de las mejores maneras de reducir nuestra huella de carbono es consumir menos carne y más vegetales en su lugar. Una dieta alta en legumbres e hidratos de carbono y más baja en carne puede evitar más de 1,5 t CO2 e por persona y año.

Si recurres a productos de origen ecológico o sostenible estás ayudando a reducir tu huella de carbono. Pensando en el clima, lo más sensato es consumir productos de temporada, adquiridos en mercados locales, aunque sean on-line como LA HUERTICA que ofrece alimentos de temporada producidos en el sudeste peninsular por pequeños agricultores tradicionales de nuestra zona. Por eso, se trata de productos que han necesitado poco consumo energético en su transporte y en su refrigeración y conservación, y por tanto su carga de emisiones de carbono es más pequeña que la de productos que, por ejemplo, vengan ultracongelados desde lugares muy lejanos en otros continentes. No ofrecemos variedad, pero sí calidad y sabor. Productos sanos, de temporada, de cercanía, ahorrando en el transporte, desde nuestros huertos al local con la misma empresa logística, no utilizamos cámaras de frio, no castigamos el suelo de cultivo y utilizamos técnicas tradicionales que abaratan mucho los costes.

Vosotros “huerteros” estáis, a lo mejor sin saber lo, reduciendo una parte de la huella de carbono que genera vuestra alimentación, que como ya hemos señalado es una parte importante de nuestro impacto sobre el clima. Además de LA HUERTICA tenéis mercados de productos locales, los mercadillos habituales y los mercadillos ecológicos. Os animo a visitar los.


3.4 La Energía que consumimos: Electricidad, Calefacción y Agua


Hemos repasado tres de las cuatro actividades de consumo que más impacto tienen sobre la huella de carbono del consumidor: vivienda, transporte, alimentación y nos queda el último bloque, la energía que consumimos en casa. La electricidad, calefacción y agua caliente supone más de la mitad del consumo energético del hogar.

Habitualmente se dice que la electricidad es una energía limpia. Efectivamente, el suministro eléctrico llega a nuestras viviendas y no ensucia como lo hacía por ejemplo la caldera de carbón. Sin embargo, para producir la electricidad se sigue quemando carbón, petróleo y gas, y se utilizan centrales nucleares.

Luego la electricidad no es una energía limpia en cuanto a contaminación y gases de efecto invernadero se refiere. Para hablar de electricidad limpia nos tendríamos que referir estrictamente a la electricidad generada a partir de energías renovables como la hidráulica, la eólica, la solar, la geotérmica, la biomasa, etc. Pero entonces ¿cómo de sucia es la electricidad que consumimos en nuestras viviendas?

Desde la liberalización del sector eléctrico en España los consumidores podemos escoger la compañía comercializadora de electricidad. Es decir, podemos escoger a qué empresa le compramos la electricidad que consumimos. Aunque la electricidad se mezcla en la red eléctrica, que es única para toda España, y ahí no pueden distinguirse los electrones de una compañía de los de otra, nuestro contrato con una determinada compañía nos asegura que esa compañía tendrá que producir y verter a la red toda la electricidad que nosotros consumamos, y que nuestro dinero servirá para pagar sus instalaciones de producción eléctrica. Pues bien, cada compañía es propietaria de muchas instalaciones eléctricas de diferentes tipos, y si nosotros no le decimos nada, la compañía nos venderá una “mezcla” de toda su electricidad (resumiendo, una parte de carbón, gas y petróleo, otra parte nuclear y otra parte de renovables). Si consultas tu factura de la electricidad verás que en ella se indica la proporción de cada tipo de energía o al menos la emisión de CO2 que genera cada kWh consumido de su electricidad. Si toda la electricidad de esa compañía fuese verde, la emisión de CO2 sería nula. Cuanto más alta sea la emisión de CO2 que indica la factura, más carbón, petróleo y gas está consumiendo.

Visto esto, tenemos dos posibilidades para reducir la huella de carbono de nuestro consumo eléctrico. La más coherente consiste en comprar la electricidad a una empresa que genere exclusivamente electricidad de origen renovable. Así aseguras que tu huella de carbono se reduce, y apoyas a una empresa que apuesta por las renovables 100%. La segunda opción sería pedir a tu compañía habitual que solamente te venda electricidad verde. Así reduces tu huella de carbono, aunque la empresa seguirá vendiendo su electricidad “sucia” a alguien que no le importe. No obstante, esto es menos que nada, ya que haces ver a las empresas eléctricas que como consumidor prefieres la electricidad de origen renovable. Tanto en tu factura de electricidad como en la página web de la Comisión Nacional de la Energía podrás encontrar un listado de todos los comercializadores de electricidad. Visita sus páginas webs para conocer en cada momento sus ofertas de electricidad verde. Hay que advertir que en estos momentos en España es complicado encontrar una buena oferta de electricidad verde para viviendas particulares, pero cuanto mayor sea el número de consumidores que se interesan, mayor será la respuesta de las empresas.

Para más información: Comisión Nacional de la Energía

Es el organismo oficial de control del mercado energético en España. En su web podrás ver el listado de todas las compañías autorizadas para comercializar electricidad, así como tus derechos como consumidor para escoger libremente un suministrador eléctrico.

http://www.cne.es

Información para los consumidores:

http://www.cne.es/cne/contenido.jsp?id_nodo=368&&&keyword=&auditoria=F

Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía

Esta entidad pública también informa a los ciudadanos sobre el derecho a cambiar de suministrador eléctrico. En su web tiene una sección que ofrece información para conocer los detalles de los contratos de electricidad.

http://www.idae.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/idpag.453/relcategoria.2610/relmenu.151

Elegir energía limpia Campaña de Greenpeace España para facilitar que los consumidores puedan escoger electricidad de origen renovable. Disponible en la web un completo informe titulado “Elegir electricidad limpia. Cómo dejar de consumir energía sucia”.

http://www.greenpeace.org/espana/reports/elegir-electricidad-limpia-c


La calefacción y el agua caliente representan más de la mitad del consumo energético de una vivienda. Por eso es fundamental disponer de instalaciones de climatización de alta eficiencia y bien diseñadas y dimensionadas para la vivienda en cuestión. Cuando están bien diseñados, instalados y mantenidos, los sistemas colectivos de calefacción o de producción de agua caliente sanitaria son más eficientes y más económicos que los sistemas basados en instalaciones individuales. Si se utiliza un combustible fósil, es preferible que sea gas natural ya que contamina menos que el gasóleo. Las calderas de condensación y las de baja temperatura, a pesar de ser más caras que las convencionales, pueden procurar ahorros de energía superiores al 25%, por lo que la inversión adicional se puede recuperar en un periodo de 5 a 8 años (menos de la mitad de la vida útil de un equipo de estas características).

En cualquier caso, es fundamental un mantenimiento periódico de todos los sistemas de climatización. El mantenimiento no sólo prevendrá las averías más costosas o incluso irreparables, permite que los sistemas funcionen a pleno rendimiento en sus óptimos de eficiencia, reduce pérdidas energéticas innecesarias así como la emisión de gases de efecto invernadero. Por otra parte, las calderas de biomasa, en lugar de quemar gas natural o gas-oil utilizan como combustible pellets (pequeños cilindros hechos comprimiendo residuos de madera), astillas de madera, cáscara de almendra, huesos de aceituna, pepitas de uva, etc. En el mercado, existen calderas a partir de 40 kW de potencia para instalaciones colectivas y también pequeñas calderas o estufas de pellets para calefacción individual. Supone una inversión mayor, pero el precio del combustible suele ser inferior al del gasóleo o del gas. Y las emisiones totales de este tipo de calefacción son nulas, ya que todo el CO2 que emiten lo han captado antes de la atmósfera durante el crecimiento de los vegetales. El balance de emisiones es neutro.

Ya hemos señalado que los hábitos de ahorro energético son muy importantes. A veces, pequeños dispositivos y tecnologías nos pueden ayudar a ser más rigurosos con nuestros hábitos. Estos dispositivos pueden ayudarnos a mejorar la eficiencia energética sin suponer una pérdida de confort. Programadores automáticos para la calefacción, o temporizadores para desconectar aparatos cuando no sean necesarios, son pequeñas inversiones que nos pueden ayudar a ahorrar costes y a evitar emisiones innecesarias a la atmósfera. Y no olvides los consumos fantasmas o el stand by. Si te cuesta mucho desconectar todos los aparatos que llevan un transformador y que consumen electricidad cuando están enchufados, incluso sin estar funcionando, conéctalos a una regleta con interruptor. De esta manera, con un solo interruptor puedes desconectar varios aparatos a la vez. Incluso existen regletas más sofisticadas para ordenadores que se desconectan automáticamente cuando detectan que los ordenadores están apagados.


4. PROPUESTAS DE MEJORA


El cambio climático como el consumo responsable son temas transversales que atañen a una gran variedad de actores. Las propuestas implican la participación de diferentes administraciones públicas, del sector privado y de las organizaciones de la sociedad civil. Se trata de propuestas en que todos los agentes pueden encontrar un beneficio, sin perder de vista el beneficio global y colectivo de la prevención del cambio climático.

Estas aportaciones desde el ámbito del consumo responsable a la lucha contra el cambio climático deben tomarse como ideas que muestran algunas posibles líneas de acción para los próximos años. En cualquier caso creemos que es interesante abrir el debate sobre ellas y facilitar el sumar esfuerzos de aquellos que estén interesados en promoverlas.


Las propuestas son las siguientes:

 

  • 4.1 Etiquetado del contenido de CO2 de productos de consumo
  • 4.2 Propuestas para la reducción de emisiones gracias a la racionalización del consumo
  • 4,3 Compras públicas bajas en carbono
  • 4.4 Tarjeta personal de emisiones
  • 4.1 Etiquetado del contenido de CO2 de productos de consumo

 

Una de las principales dificultades que manifiestan los consumidores para actuar responsablemente es la falta de información. De hecho, una gran parte de consumidores como vosotros ya está concienciada frente al cambio climático y le gustaría poder obrar en consecuencia, pero en muchas ocasiones no sabe cómo hacerlo.

Una forma de ayudar a los consumidores a reducir su huella de CO2 consiste en la creación de una etiqueta que informe sobre la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al producto a lo largo de todo el ciclo de vida del producto: desde la obtención de las materias primas para su producción hasta la eliminación o reciclaje pasando por la fabricación, distribución a los puntos de venta y el uso a lo largo de su vida útil. La etiqueta de carbono permitirá a los consumidores optar por productos que generen una menor cantidad de emisiones y por tanto tengan asociado un menor impacto sobre el clima.

La información recogida en la etiqueta permitiría incluir en el precio del producto los costes derivados de los impactos ambientales y sociales que produce a través de impuestos mayores para productos con mayor huella de carbono.

La creación del nuevo etiquetado especial implicaría la realización de un análisis del ciclo de vida del producto desde su origen hasta el final de su vida útil y la gestión de sus residuos. Este análisis lleva consigo un rediseño de los productos, una mejora de la eficiencia de los mismos.

No es posible predecir con exactitud la cantidad de emisiones que se evitarían con esta propuesta. Sin embargo, haciendo una serie de asunciones, se puede hacer una estimación aproximada. En España la huella de carbono de cada habitante es de unas 11,7 t CO2 anuales. La etiqueta de carbono se podría aplicar a productos de las categorías vivienda y bienes del hogar, alimentación, ropa y calzado, que son en conjunto responsables de, aproximadamente, un 45% de todas las emisiones asociadas al consumo final.

La metodología de cálculo de las emisiones a través del análisis del ciclo de vida del producto ya ha sido probada en experiencias piloto y posteriormente desarrollada en países como Reino Unido, Japón, Corea del Sur o el estado de California. Se basa en el análisis del ciclo de vida del producto (LCA).

Además existen iniciativas similares que provienen de empresas de distribución y venta, como el ejemplo de los supermercados Tesco, la principal cadena de supermercados del Reino Unido. Tesco se ha comprometido a dotar a cada uno de sus productos de una etiqueta en la que aparecerá la cantidad de CO2 emitida en su producción. De esta manera, Tesco pretende que los consumidores puedan discriminar los productos no sólo en función del contenido en sal, calorías o el precio, sino también, en función de las emisiones de CO2. En Estados Unidos, la cadena de supermercados WalMart ha anunciado su programa de etiquetado ambiental que también incluirá las emisiones de carbono de los productos. Wal-Mart espera completar su programa en cuatro años, para cuando todos sus proveedores deberán incluir la etiqueta ambiental.


4.2 La racionalización del consumo

Las actividades de consumo habitual, las que caen en el ámbito de esta propuesta son las de vivienda y bienes del hogar, movilidad cotidiana, ropa y calzado y comunicaciones, que en conjunto representan aproximadamente un 47% de la huella de carbono del consumidor medio. Reducir los impactos ambientales asociados al consumo, como el agotamiento de recursos naturales (energía, agua, materias primas), la contaminación atmosférica, los vertidos al agua, la generación de residuos o la generación de ruido es imprescindible.


Debemos proponernos bajar las emisiones de gases de efecto invernadero reduciendo el consumo de algunos productos a través de dos líneas de acción:

 

  1. Reforzando los servicios de mantenimiento, reparación y mejora/actualización.
  2. Promoviendo la sustitución de la adquisición de productos por la contratación de servicios que satisfagan la misma necesidad (por ejemplo, servicio de lavandería frente a compra de lavadora o servicio de “coche compartido” frente a compra de automóvil, ejemplos que ya existen pero que se deben extender y completar con otros similares).

 

Para promoverlo se nos ocurren acometer las siguientes acciones:

 

  1. Lanzar campañas de información sobre este concepto y sobre casos particulares.
  2. Rebajar las tasas a los servicios que sustituyen a productos, o conceder a los mismos rebajas en las ecotasas o tasa al CO2 .
  3. Promover proyectos piloto de sustitución de productos por servicios.
  4. Incluir en las compras verdes o bajas en CO2 la prioridad a la contratación de servicios frente a la compra de productos equivalentes, cuando el volumen no haga más ecoeficiente esta última opción.
  5. Facilitar a los consumidores garantías e información sobre la calidad de los servicios, a través de medidas de estandarización.
  6. Además, deberán estudiarse medidas concretas para cada posible caso de sustitución de productos por servicios. Por ejemplo, algunas medidas que podrían favorecer el servicio de vehículo compartido frente a la compra de vehículos:
  7. Introducir como medida obligatoria la previsión de aparcamientos exclusivos para coches compartidos en los planes urbanísticos.
  8. Eliminar la obligación a los constructores de construir aparcamientos individuales.

 

Si la sociedad es capaz de bajar nuestros niveles de consumo por el clima, que lo es, las compras públicas deberían ser bajas en carbono y andar en la msma dirección que la sociedad civil.


4.3 Compras públicas bajas en carbono

Las administraciones públicas pueden fomentar un consumo más verde y pueden convertirse en un referente si minimizan el impacto ambiental de su consumo por medio de prácticas de compra verde.

La Administración Pública es un ejemplo para la ciudadanía y para todo tipo de organizaciones sociales y empresas. La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero asociada a las compras verdes se compone de la suma de ahorros derivados de la elección de diferentes bienes y servicios con menor impacto en el clima. Con el volumen de compra que tienen las Administraciones Públicas, la compra pública verde es una de las mejores maneras de incrementar los niveles de responsabilidad social corporativa en el mundo empresarial.

La compra verde puede aplicarse a la contratación de suministros, servicios y obras, e incluye múltiples ámbitos como por ejemplo:

 

  • electricidad generada a partir de fuentes de energía renovables
  • construcción de edificios de alta eficiencia energética
  • la compra de ordenadores y material ofimático eficientes
  • papel reciclado
  • vehículos de bajo consumo
  • transportes públicos respetuosos con el medio ambiente
  • sistemas de aire acondicionado de alta eficiencia.

 

Con este tipo de acciones la Administración Pública consigue dar ejemplo y constituir un modelo de consumo creíble para los ciudadanos. Simultáneamente evita que se la relacione con empresas que no apuesten por la responsabilidad social o con productos ineficientes o poco respetuosos con el medio ambiente.La forma más directa de realizar una compra verde es integrar los requisitos ambientales como una parte primordial del contrato y las especificaciones técnicas (etiqueta).


CONTRATO EFICIENTE. La contratación de productos, bienes y servicios constituye una de las funciones más importantes de la Administración Pública.

ETIQUETADO. Una vez definido el objeto del contrato, el siguiente paso consiste en la definición de una serie de especificaciones técnicas medibles que servirán para evaluar las ofertas y que constituyen los requisitos mínimos que deberán cumplir. Las especificaciones técnicas ambientales deberían basarse en un análisis del ciclo de vida que tenga en cuenta los impactos ambientales y costes de las fases de producción, distribución, uso y tratamiento de residuos, aceptando la etiqueta como un medio de prueba del cumplimiento de las especificaciones técnicas definidas.

 

En las prácticas de compra verde priman el suministro de bienes y servicios respetuosos con el medio ambiente, contribuyendo a la construcción de un desarrollo más sostenible y mejorando los servicios públicos. Consiguiendo mejorar la calidad de vida tanto en el ámbito local como en el global.


Desde el punto de vista legal, las recientes directivas europeas y su posterior adaptación a la legislación de cada país, han dado como resultado un marco jurídico europeo más claro y que da un respaldo mayor a la puesta en práctica de la compra pública verde. Un debate de la Unión Europea sobre una política de contratación p&#


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