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La naranja de LA HUERTICA

Publicado el 24 Ee octubre Ee 2020 a las 5:20


El naranjo sabe a vida, Y el olivo a tiempo sabe, Y entre el clamor de los dos, mi corazón se debate. (Miguel Hernández)


LA HUERTICA estrena temporada naranjera con la variedad New Hall de clase Navel; después vendrá la Navelina, más pequeña; tras ella la Navel, después Navel Late; Lane; Lane Late; Sanguina Moro (oscura); la Sanguinelli; Salustiana y por último Valencia Late. Todas de cultivo ecológico, con polinizadores naturales que hacen miel para nosotros, con riego “a manta”, por acequia, y mimadas por clima excepcional.


Como tal, las naranjas son producto de la mutación genética natural, mediante cuidadosa polinización cruzada, entre dos frutas que sí existían antiguamente, el pomelo y la mandarina. Es un híbrido. El cruce se logró en las culturas asiáticas (Indochina) hace algunos milenios, y su nombre deriva del sánscrito "narang" (el árbol que da naranjas) que a su vez tiene raíces del tamil y el persa.


Según cuenta Marguelonne Toussant en su exhaustivo libro Historia natural y moral de los alimentos (Alianza Editorial, 1991), la primera referencia escrita de los cítricos la encontramos en el manuscrito Yu Kung, en el que se narra que 'envueltos en un pañuelo de seda bordado en el fondo de una cesta aparecen pomelos y naranjas' como tributos entregados al emperador Tayun, que reinó en China entre el 2205 y el 2197 a.C.


Nos consta por Plinio que la naranja ya era consumida por los patricios romanos, las cuales llegaban a sus mesas desde la lejana Palestina, desde donde la trajeron los Cruzados en la Edad Media a Europa. Por excavaciones arqueológicas se sabe que en época romana se cultivaron en Carthago, en el Norte de África, y que, probablemente, desde allí pasaron al Sur de Italia y Sicilia y, posteriormente, a la Península Ibérica.


Sin embargo, no es hasta la época de los grandes descubrimientos marítimos en los siglos XVI y XVII cuando las naranjas adquieren su merecida fama como fuente inigualable de vitamina C o antiescorbútica lo, que provoca la expansión de su cultivo.


Las naranjas fueron uno de los alimentos llevados por los colonizadores españoles a América, primero al Caribe, de allí a Florida y, posteriormente, de la mano de los misioneros, al Lejano Oeste, el Far West, a California.


Y en 1820, ocurrió algo inesperado. En un huerto de un monasterio en Brasil, una extraña mutación genética se produjo en algunos naranjos, haciendo que los frutos presentaran una curiosa abertura en su corteza, de donde aparecía una pequeña e inmadura segunda naranja... como dos siameses donde uno hubiera quedado inmaduro parasitando a su hermano. Era una naranja totalmente distinta, extraña y perturbadora a la vista... no obstante, algún valiente monje se atrevió a probarla y cuál sería su sorpresa ante el dulzor de aquel fruto. Muy pronto decidieron multiplicar esta impensada nueva variedad, la que se propagó por todo el mundo, conocida hoy como "Naranja de Ombligo" o Navel.


Aunque la presencia de los cítricos en la Huerta de Murcia se remonta a la época morisca, es en el pasado siglo cuando su cultivo alcanza la mayor expansión, llegando a ser un producto de importancia muy notable en la agricultura regional. Nuestro clima templado, de inviernos suaves y con muchas horas de sol, junto al buen hacer de nuestros agricultores posibilitó que nuestras naranjas y limones adquiriesen fama mundial, llegando a ser comercializados en toda Europa, incluida la entonces lejana Rusia.


Por un lado, y para no confundirlas con el resto, tenemos las naranjas amargas (Citrus aurantium), esas que dan a Sevilla su olor a azahar y que los ingleses se llevan para hacer mermelada. El resto de naranjas, las dulces (Citrus sinensis) se clasifican en tres grandes grupos: Navel, Blancas y Sanguinas.


Todas las de clase Navel son las naranjas de mesa de toda la vida. Es muy característica la especie de “ombligo” que tienen en un extremo del fruto. Son las ideales para comer frescas: de sabor intenso, jugosas, sin semillas y fáciles de pelar. Se puede hacer perfectamente zumo con ellas.


Las Blancas, no sé por qué se llaman así, pero el caso es que son las típicas naranjas de zumo. De forma más achatada, sin ombligo, con semillas y la piel más pegada a los gajos: caracteres que las hacen más adecuadas para hacer zumo que para consumir en fresco.


Las Sanguinas, aunque menos conocidas en los mercados, se cultivaban en el Mediterráneo desde el siglo XVIII. Su particular aspecto, como si se hubieran teñido de sangre (de ahí su nombre). Se trata simplemente una naranja corriente con un gen que ha mutado. Este gen es responsable de producir las antocianinas, que dan esos particulares tonos rojizos a la cáscara y a la pulpa. Esta sustancia, de gran poder antioxidante, sólo se forma cuando las temperaturas nocturnas son bajas Hay distintos tipos sanguinas, que se distinguen principalmente por la tonalidad de color y la acidez de la carne y el zumo: la Tarocco siciliana (muy apreciada en Italia, tiene IGP), la Sanguinelli española y la Moro (más oscura) que son las dos clases que LA HUERTICA recoge entre febrero y marzo.


Un año más podemos decir eso de: LA HUERTICA inaugura esta temporada de naranjas. Me siento la tía más feliz y orgullosa de este mundo. Qué las disfrutéis.

 

Categorías: Alimentos, La Salud es lo primero, Agricultura S.O.S.tenible

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